Chapuzas a domicilio, o cómo destrozar un monumento milenario

4 noviembre 2014

Recuerdo que la primera vez que la vi así me llevé una sorpresa de los más agradable. Era en septiembre del 2009 y el lateral este de la pirámide Escalonada de Sakkara presentaba en su zona media unos andamios de madera de una decena de metros de altura… ¡La estaban restaurando! Con el tiempo y la pérdida de su revestimiento, varias de las piedras de la capa exterior habían desaparecido y la tumba de Djoser parecía desde entonces una tarta a la que un goloso le hubiera estado picoteando la cobertura de chocolate. El resultado, tengo que reconocerlo, era un poco chocante, porque se estaban rellenando los huecos con caliza ultrablanca… Es cierto que actualmente se hacen todos los esfuerzos para que las reintegraciones y el monumento original se diferencien, pero ¿tanto? No obstante, pensando en que la climatología no tardaría mucho en dotarlas de una pátina más oscura que armonizara con el conjunto, aun permaneciendo distinguible, no le presté mucha atención. Más me preocupaba la base interna de la pirámide, justo sobre el pozo donde se halla la cámara funeraria, que desde que fuera vaciado por los saítas estaba al descubierto con gran riesgo de derrumbe. Algo que, por lo visto, el terremoto que sacudió El Cairo en el año 1992 empeoró.

La pirámide de Netjerkhet antes de la restauración

La pirámide de Netjerkhet antes de la restauración

El caso es que un par de años después pude comprobar asombrado que la «restauración» del exterior, por llamarla de algún modo, estaba siendo realizada a la buena de Dios. Una verdadera chapuza. Cómo sería la cosa que un profesor universitario amigo mío me comentó a la vuelta de un viaje por esos lares que, mientras llevaba de visita por la pirámide a un grupo de alumnos, uno de los «capataces» que se encargaba de la obra se acercó a él y le preguntó compungido si sabía cómo hallar las esquinas teóricas del monumento… ¡Increíble, pero cierto! Los egipcios que intentan ganarse la vida con los turistas suelen llamar doktor a todo visitante que parezca saber qué es lo que está viendo, de modo que recurrir a él, que es doctor de verdad, les salvó la papeleta. Eso de prolongar las aristas y ver dónde se cruzan les pareció todo un descubrimiento… Anécdotas chuscas aparte, lo peor es que esos energúmenos sin conocimiento ni supervisión (Hawass mandaba por entonces, no lo olvidemos, en el mundo del Servicio de Antigüedades) estaban, con su trabajo, destrozando una parte importante del patrimonio egipcio.

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La tumba de Djoser —a quienes sus contemporáneos conocían como Netjerkhet, por cierto— no tuvo seis escalones desde un principio. No señor, primero fue una mastaba cuadrada, que luego fue ampliada, que luego fue revestida, sobre la que después se construyeron ampliando su base cuatro escalones, que seguidamente fueron convertidos en seis… los que ahora vemos con la huella medio cubierta de arena y bastante baqueteados por el tiempo, cosa de cuatro milenios y medio más o menos. Dado que todos esos cambios fueron tapándose unos a otros, semejante información hubiera sido imposible de averiguar si la pirámide estuviera intactas. Afortunadamente, cuando en los años veinte del siglo pasado se desenterró la pirámide, los arqueólogos comprobaron que en algún momento de su pasado alguien «peló» la capa exterior de la última etapa de la pirámide por su cara sur, dejando perfectamente a la vista todos esos cambios. Se trata de una perfecta radiografía de la evolución de uno de los principales monumentos arquitectónicos de la historia de la humanos que es, justamente, ¡lo que los «restauradores» a las órdenes de Hawass estaban cubriendo con un montón de esos deslumbrantes sillares de caliza blanca!

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

Habiendo encontrado su estado de reposo natural, no parecía que esa parte de la pirámide estuviera más en riesgo que antes, pero ahí estaban los «restauradores», metiendo piedras cada vez que veían un hueco. Cierto que con la revolución del 2011 los trabajos se paralizaron, pero no lo es menos que ahora, ya con Hawass fuera de la ecuación, la barbaridad ha empezado de nuevo. No es de extrañar que el señor Shurbagy, portavoz de la asociación egipcia Non-stop Robberies (dedicada a la protección de los monumentos egipcios) afirmara hace pocos días en un comunicado que la empresa egipcia encargada de la «restauración» del monumento en realidad esté precipitando la destrucción del mismo, y no sólo por haber añadido ya más de un 5 % de nuevas estructuras al mismo, lo que va en contra de los estándares internacionales de conservación del patrimonio. Es posible que las peculiares técnicas «restauradoras» de la compañía de construcción Al-Shorbagy se deban a que nunca antes habían realizado trabajo alguno arqueológico, como bien comenta Shurbagy; pero esto no es más que un punto de vista sesgado, por supuesto, como se encargaron de demostrar sin paliativos las autoridades competentes, que salieron de inmediato a cubrirse las espaldas, quiero decir a respaldar su política.

La pirámide de Netjerkhet «restaurada»

La pirámide de Netjerkhet «restaurada»

Kamal Wahid, el director del Servicio de Antigüedades para Sakkara y Guiza afirmó rotundo que la compañía encargada de la tarea era más que competente para el trabajo, porque estaba registrada por el gobierno de Egipto como empresa A, exactamente igual que Arab Contractors y Orascom. Y, exactamente igual que ellos —añado yo— será perfecta para colocar ladrillos y cemento, que es exactamente lo que parece estar haciendo en la pirámide escalonada, ¡no para preservar y consolidar un monumento que es patrimonio de la humanidad! Abundando en sus argumentos, Wahid insistió en que se estaba siguiendo un plan trazado por especialistas en el campo y aprobado por la UNESCO y el Ministerio de Antigüedades, y que el trabajo estaba siendo supervisado por consultores del Ministerio, dirigidos por el conocido arquitecto Hassan Fahmy. Supuestamente, además, la restauración estaría siendo revisada por un comité arquitectónico dirigido por Mustafa Al-Ghamrawi y en el cual se cuentan profesores de arquitectura de las Universidades de El Cairo y Ain Shams. Es decir que muchos, muchos arquitectos, muchos técnicos, muchos albañiles, muchos comités, mucho cemente, mucha caliza blanca (esperemos que no sea de Tura); pero ningún historiador, ningún conservador, ningún restaurador, ningún especialista en pirámides, ningún egiptólogo… nadie que conozca de verdad el monumento. Lo dicho, empresa constructora, no de arqueología y restauración.
Esperemos por el bien de la pirámide que la confianza del Wahid sea merecida, pero a la vista de los resultados hasta el momento… mucho me temo que Jean-Philippe Lauer se está revolviendo en su tumba.

Una capilla desconocida de Montuhotep II en Abydos

3 noviembre 2014

El robo de tumbas es un pasatiempo nacional de los habitantes del valle del Nilo desde siempre Como se sabe desde que W. M. F. Petrie encontrara tumbas predinásticas intactas desde hacía cinco mil años… excepto por el pequeño detalle de haber sido saqueadas a los pocos días de la inhumación. Los egipcios saben que viven rodeados de una riqueza enterrada que no beneficia a nadie, más allá de la intangible satisfacción que gracias a ella experimenta el difunto. Con completa lógica —en especial cuando las circunstancias económicas son tan adversas como las actuales—, la búsqueda de los tesoros que les proporcionen algún desahogo económico se vuelve una prioridad.

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Necrópolis de la que fuera capital de Egipto durante las dos primeras dinastías, Abydos nunca perdió relevancia, en especial cuando se identificó la tumba de uno de los faraones tinitas con el mausoleo del dios Osiris. Esto convirtió a la ciudad en un lugar de peregrinación obligada y la llenó de cenotafios. En la actualidad, su monumento más relevante —al menos desde el punto de vista de los turistas— es el grandioso templo de Sety I, ante el cual hay una gran explanada flanqueada a ambos lados por el batiburrillo de casas que forman el poblado moderno. Hace pocas semanas, apareció en una de sus angostas callejas un agujero que llamó la atención de las autoridades egipcias. Y con razón, pues al estudiarlo se dieron cuenta de que era resultado de las excavaciones clandestinas que se estaban realizando en el sótano de una de las casas cercanas. Se había producido un fenómeno de «subsidencia», como lo llaman los geólogos: al sacar tierra en un punto, el hueco hace que el terreno circundante se hunda paulatinamente.

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La gran sorpresa se produjo cuando, al estudiar el agujero, el equipo supervisado por Gamal Abd El Nasser (director del Servicio de Antigüedades en Sohag) comprobó que conducía a una desconocida capilla mahat de Montuhotep II. A más de dos metros bajo tierra y alejada apenas 150 al noreste del templo de Sety, acababa de aparecer el cenotafio del faraón que reunificó el valle del Nilo tras la disgregación política del Primer Período Intermedio. El hallazgo es muy relevante, porque excepto por su templo funerario en Deir el-Bahari y una capilla en Dendera, del resto de sus construcciones sólo se conocen fragmentos.

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Las paredes de la capilla están cubiertas de textos jeroglíficos en relieve de gran calidad, aunque por desgracia afectados por la humedad. La nueva capilla se extiende varios metros por debajo de una casa cercana, dotada en 1935 de una fosa séptica… cuyo contenido ha terminado por filtrarse y afectar a los relieves. De modo que ahora los arqueólogos y restauradores del Servicio de Antigüedades que se encargan del descubrimiento: Ashraf Abd El Aal Okasha, Yasser Abd El Razik y Ayman Damarany se están encargando de desmantelar la fosa séptica, limpiar la capilla y restaurar sus paredes para interrumpir su deterioro.

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El paso siguiente será copiar sus inscripciones con todo detalle, porque no se sabe qué tipo de nueva información histórica podrían proporcionarnos sobre este rey. El objetivo de las capillas mahat es muy claro: dotar a su dueño de un monumento funerario cercano al enterramiento de Osiris; un punto donde pudiera ser recordado para la eternidad y recibir ofrendas.

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Precisamente, uno de los sistemas que tenían los egipcios para presentarse al mundo era hacer un recuento de su logros en un texto autobiográfico dentro de su tumba. De modo que si tenemos la suerte de que eso es lo que Montuhotep II decidió hacer en esta capilla, podemos encontrarnos con algunas agradables sorpresas. Por desgracia, resulta igual de probable que los textos se limiten a innumerables repeticiones de distintas ofrendas de invocación, es decir, la consabida hetep-di-nesu: «Una ofrenda que el dios otorga consistente en mil panes, mil aves…», acompañadas de algunas frases de alabanza a los dioses. No obstante, no perdamos del todo la esperanza, porque tumbas cercanas, como la de Weni, del Reino Antiguo, contienen maravillosas autobiografías que quizá despertaran el instinto imitador de Montuhotep II. Lo que sí va suponer un trabajo delicado van a ser los futuros intentos por desmantelar la capilla, sin destruirla y evitando que las casas de alrededor se derrumben encima…

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De nuevo en la Feria del Libro

13 junio 2014

Este último domingo de Feria del Libro, día 15 de junio, volveré a estar firmando ejemplares en la caseta 31 de “Distriforma”, a partir de las doce de la mañana y hasta las tres de la tarde. ¡Os espero!

Cambio de horario para la Feria del Libro

8 junio 2014

¡Mil perdones, pero por causas ajenas a mi voluntad, el domingo día 8 al final firmaré por la tarde, de 18.00 a 21.00 en la misma caseta, la 31 de “Distriforma”

Feria del Libro de Madrid 2014

7 junio 2014

Como todos los años, este estaré firmando en la Feria del Libro. En este caso los días sábado 7 y domingo 8, en la caseta 31 de “Distriforma”, de 12.00 a 14.00. ¡Os espero!

La tumba desconocida descubierta por el Proyecto Min

18 mayo 2014

Es curioso cómo uno de los refranes españoles más taurinos: hasta el rabo todo es toro, tiene su equivalencia en el mundo de la arqueología, donde se suele decir: hasta que no llevas a la roca madre no puedes estar seguro de que no hay nada más por ahí debajo. Y esto es justo lo que le ha pasado este año a uno de los, por fortuna, varios equipos españoles que están excavando en Egipto: el Proyecto Min, es decir, la misión canario-toscana que dirigen las egiptólogas Mila Álvarez Sosa (Dra. en Egiptología por la Universidad de La Laguna [Canarias]) e Irene Morfini, quien prepara su tesis doctoral en la Universidad de Leiden.

Las egiptólogas. Mila Álvarez Sosa (izq.) e Irene Morfini (der.)

Las egiptólogas. Mila Álvarez Sosa (izq.) e Irene Morfini (der.)

En principio, el objetivo del Proyecto Min es estudiar dos tumbas de la necrópolis tebana. Una es la de Min (TT109), un personaje que tuvo una estrecha relación con el nomo Tinita, como nos indican sus títulos: «alcalde», «supervisor de los sacerdotes de Onuris», «alcalde del oasis», «supervisor de los cantantes», «administrador y jefe del festival de Osiris»; pero que sobre todo debe su puesto en la historia del antiguo Egipto a haber sido el tutor del futuro Amenhotep II. La imagen de su tumba que lo muestra enseñando al joven príncipe a disparar su arco, es inconfundible. La otra es la tumba -327-, comunicada con la anterior por un acceso perfectamente excavado, como si durante el período tardío el propietario de la tumba hubiera querido utilizar la TT109 como la entrada oficial a su hipogeo. La segunda parece una prolongación de la primera. Como hasta el momento no ha sido excavada, de esta tumba no se conoce si quiera el nombre del difunto enterrado en ella.

La fachada de la TT109

La fachada de la TT109

Planta de la TT109, con la entrada a la tumba -327- a la derecha

Planta de la TT109, con la entrada a la tumba -327- a la derecha

En cualquier caso, fue en la tumba -327- donde se produjo el gran hallazgo de este año. Como mandan los cánones, antes de comenzar a excavarla había que hacer una visita para estimar su estado de conservación y los pasos que necesarios para estudiarla a fondo. Esa era la intención y el trabajo que estaban haciendo Álvarez Sosa y Morfini cuando se dieron cuenta de que en una de las paredes comenzaba un corredor —del que nunca nadie había hablado— que parecía terminarse en un muro unos metros más allá. El sitio parecía peligroso, de modo que no fue hasta que se consolidó la estructura y se consideró seguro el acceso cuando las dos egiptólogas exploraron el túnel. En principio parecía un mero agujero de ladrones —de los que hay al menos uno en prácticamente todas las tumbas de la necrópolis—, por lo que su sorpresa fue mayúscula cuando comprobaron que el corredor no terminaba en la pared del fondo, sino que se continuaba durante otros seis metros más hasta alcanzar una estancia longitudinal. Sorprendidas, continuaron su exploración hasta encontrar el acceso a una estancia transversal. Su alegría fue inmensa, porque sabían qué  estaban viendo. Sí, parecía increíble, pero ¡acababan de penetrar en una tumba por completo desconocida hasta entonces!

Las primeras imágenes de la nueva tumba

Las primeras imágenes de la nueva tumba

La primera impresión cronológica proporcionada por la planta en forma de T invertida, que es típica de los hipogeos de la xviii dinastía, quedó confirmada por la decoración pintada de las paredes. Si bien están dañadas, las escenas se pueden identificar perfectamente como el repertorio típico del Reino Nuevo: caza en los pantanos, banquete funerario… Como el 70 % de la tumba está relleno de escombros, harán falta bastantes campañas de excavación para liberar la tumba y comprobar si detrás de esos montones de tierra hay alguna escena mejor conservada que las visibles hasta el momento. Habrá que armarse de paciencia.

Más detalles de la decoración de la la nueva tumba

Más detalles de la decoración de la la nueva tumba

Por fortuna, unos sencillos conos funerarios encontrados en la -327- nos van a aligerar un poco la espera, porque han permitido saber el nombre del propietario del nuevo hipogeo. Como la nueva tumba se encuentra en un nivel superior al de la -327-, los conos que en su momento decoraron su fachada terminaron cayendo en la tumba inferior gracias a un agujero en el techo de ésta, hasta quedar posados en superficie, que fue donde los encontraron las Dras. Álvarez Sosa y Morfini (ya le falta poco para serlo). Al leerlos vieron los títulos y el nombre del propietario de la nueva tumba: May.

Mila Alvarez Sosa e Irene Morfini  estudiando un cono funerario

Mila Alvarez Sosa e Irene Morfini estudiando un cono funerario

Ahora sólo hemos de esperar que sus varios patrocinadores continúen apoyando al Proyecto Min y podamos seguir disfrutando de los frutos de sus esfuerzos. No obstante, también admiten donaciones de particulares, de modo que si alguno quiere contribuir al avance la egiptología, puede hacerlo en este enlace.

El banquete funerario de la tumba de May

El banquete funerario de la tumba de May

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El rescate de la segunda barca de Khufu

8 abril 2014

Lo bueno que tiene la ciencia, incluida la arqueología, es que nunca termina de realizar descubrimientos, siempre hay algún dato más, alguna información más que analizar, estudiar, descubrir. Por eso hoy voy a tratar un tema del que ya hablé hace bastantes meses: la segunda barca funeraria de Khufu.

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Tras el descubrimiento de la primera barca funeraria de Khufu en 1952, la sospecha de que la trinchera colindante, de idénticas características guardaba otro navío semejante sólo se confirmó en 1987 por parte de los especialistas de la universidad japonesa de Waseda, gracias al uso de radar electromagnético. Semanas después arqueólogos patrocinados por la National Geographic Society introdujeron una cámara fotografiándola. Si bien la cámara fue introducida sin que se produjera contaminación desde el exterior, se comprobó entonces que la trinchera no era estanca y que agua e insectos había penetrado en ella. Entre 1992 y 1993, la universidad nipona realizó cuatro sesiones de estudio de la madera con una técnica conocida como difracción de rayos X, comprobándose que su conservación no era la óptima deseable. Asimismo se observó que las muestras de aire tomadas eran casi idénticas a las del aire actual, confirmándose la falta de estanqueidad y no sólo eso, sino que la madera era ligeramente anterior al reinado de Khufu, es decir, que fue construida con madera procedente de los almacenes reales. ¿Quizá parte de esa flotilla de madera traída por Esnefru (padre de Khufu) desde el Líbano?

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Los trabajos preliminares del rescate comenzaron en junio del año 2011, con el levantamiento de las inmensas losas de piedra (41 en total, cada una con un peso de 14 toneladas) que cubrían la trinchera; pero la extracción propiamente dicha del barco desmontado no comenzó hasta dos años después, junio del 2013. Como era previsible, un acontecimiento de esta envergadura supuso que acudieran al lugar el ministro egipcio de Antigüedades, el embajador japonés en El Cairo y el director científico del proyecto Sakuji Yushimura para realizar la ceremonia del levantamiento de los primeros fragmentos de madera, que llevaron a cabo embutidos en trajes protectores. Periodistas y resto de personas autorizadas pudieron seguir todo el proceso transmitido por video a las pantallas de television dispuestas en una jaima cercana, levantada ex profeso para la ocasión. Terminadas las indispensables tonterías políticas, los científicos pudieron ponerse en marcha y, vestidos también con sus trajes protectores desechables, se pusieron manos a la obra para impedir que desaparezca uno de los pocos objetos que se conocen del constructor de la Gran Pirámide. Y en ello siguen.

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El trabajo de consolidación y restauración de las piezas de madera del barco será largo, porque si el primero está formado por 1.224 de ellas, otras tantas se pueden esperar de su gemelo. El proceso de montaje, en cambio, será sin duda más sencillo, porque las piezas se escanean según se terminan y eso permitirá realizar cuantos montajes virtuales sean necesarios antes del definitivo. Hace sesenta años, Hag Ahmed Yusuff, el genial artesano (restaurador jefe del Servicio de Antigüedades Egpcias) encargado de la tarea, tuvo que copiar todas las piezas en miniatura para aprender a montar el barco. Como éste se descubrió justo en el año de la revolución de los generales, en un ambiente de absoluto nacionalismo los egipcios rechazaron cualquier ayuda extranjera para trabajar con la barca, lo cual supuso para Yussuf trabajar en solitario (con sus ayudantes, evidentemente) a lo largo de los veinte años que tardó en terminar su trabajo. Esperemos que cuando los egiptólogos japoneses terminen el suyo ambas barcas se exhiban juntas en el nuevo Museo de las Civilizaciones que se construye en Guiza.

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Una conferencia (14-II-2014)

14 febrero 2014

Este viernes, en el Espacio Cultural MIRA (Camino de las Huertas, 42 [Pozuelo de Alarcón]) estaré dando una charla sobre “Diez misterios de Egipto que no lo son”.

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Un pedacito de Ramsés II

31 enero 2014

A veces, la arqueología no se hace sólo levantando polvo en un remoto paraje del valle del Nilo, dado lo poco que se usaba el método científico en los comienzos de la egiptología, muchas veces curiosear en polvorientos cajones por entre los almacenes de los museos proporciona resultados inesperados. Recientemente se ha producido uno de estos, porque nada menos que en la República Checa se acaba de encontrar un pedacito de las vendas originales que protegían el cuerpo de Ramsés II. Así informa al menos Bretislav Holasek, director del Museo Etnográfico de Olomouc (en la región de Moravia, al este del país), quien comenta que el hallazgo se produjo por casualidad, cuando los empleados del museo estaban estudiando la herencia dejada a la institución por uno de sus antiguos empleados, Vaclav Burian.

Rueda de prensa en el Museo Etnográfico de Olomouc

Rueda de prensa en el Museo Etnográfico de Olomouc

Este trozo de historia tejida apareció preservado entre dos cristales, junto con una carta que dice: «La momia de Ramsés II (manuscrito de mi hermano Richard Buchta). El diario de mi hermano habla de la apertura de la momia de Ramsés II, en la que participó. En junio de 1886, desvendado de la momia en presencia del khedive…». Butcha, el primer propietario de este souvenir milenario, fue un conocido artista y fotógrafo checo que documentó la vida de los fellahs egipcios de finales del siglo XIX.

La venda y la carta explicativa

La venda y la carta explicativa

Del mismo modo que Maspero invitó al cónsul español en El Cairo, Eduardo Toda, a excavar la primera de las tumbas descubiertas en el cementerio de Deir al-Medina, la de Senedjem, convirtió en un evento para la buena sociedad cairota el desvendado de las momias reales encontradas en 1881 en el cachette de Deir al-Bahari (DB 320). La egiptología como ciencia estaba naciendo y el valor científico de las momias se desconocía entonces por casi por completo. El interés generado por las momias reales era la curiosidad (por completo comprensible) de ver el rostro de las personas que dirigieron el destino de los pueblos de una gran parte del Mediterráneo oriental y aparecían citadas en los monumentos de todo el valle del Nilo.

La venda de Ramsés II y la carta que explica los detalles de la misma

La venda de Ramsés II y la carta que explica los detalles de la misma

No sería hasta casi treinta años después del desvendado de las momias cuando el anatomista australiano Grafton Elliot Smith (1871-1937) publicó un estudio científico de las mismas: The royal mummies (1912), dentro de la serie del catálogo general del Museo de El Cairo. Antes, no obstante, Maspero había publicado en el número de 1886 del Bulletin de l’Institut Égyptien un breve informe (pp. 253-255) sobre la apertura de la momia de Ramsés II, donde podemos leer: «Una vez constatada la presencia de esta última inscripción por S. A. el khedive y por las altas personalidades reunidas en la sala, se levantó la primera capa, y se descubrieron sucesivamente una banda de tela de unos 0 m 20 cm de anchura aproximadamente, enrollada en torno al cuerpo, y después un segundo sudario cosido y mantenido en su sitio por bandas estrechas…». Por las imágenes parece que el fragmento de venda recientemente encontrado podría pertenecer a esa primera banda de tela, quemada por las resinas derramadas sobre el cuerpo una vez terminada la momificación.

La venda de Ramsés II encontrada en el Museo Etnográfico de Olomouc

La venda de Ramsés II encontrada en el Museo Etnográfico de Olomouc

La venda, expuesta hasta marzo en una exposición sobre el antiguo Egipto, será puesta a disposición de los expertos en tejidos para que autentifiquen su antigüedad y origen. Si estas cosas suceden (y seguirán sucediendo) en museos occidentales, uno no puede por menos que soñar con los tesoros desconocidos que albergan los almacenes del Museo de El Cairo.

La venda de Ramsés II junto a una fotografías del soberano y de la carta que la autentifica

La venda de Ramsés II junto a una fotografías del soberano y de la carta que la autentifica

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Nuevos descubrimientos en el Valle de los Reyes

14 diciembre 2013

No es un hecho muy conocido para el público en general, pero en varias ocasiones se ha considerado que el Valle de los Reyes (la necrópolis tebana donde están enterrados los faraones del Reino Nuevo Egipcio) estaba arqueológicamente exhausto. El primero en afirmar tal cosa fue el abogado norteamericano Theodore M. Davies, quien tras doce años excavando el valle (1912-1914) y haber descubierto treinta tumbas —entre otras las de Yuya y Tuya (KV46), el posible enterramiento de Akhenatón (KV55), la de Horemheb (KV57) y el escondrijo con los restos del banquete funerario y embalsamamiento de Tutankhamón (KV54)— afirmó que el Valle estaba «agotado para la arqueología».
El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón en 1922 desmintió sus palabras, pero tras el inimaginable éxito que supuso su excavación de la KV62 (las tumbas del Valle de los Reyes están numeradas en el orden de su descubrimiento), nadie se atrevía a pensar en que hubiera otros hipogeos sin descubrir.

Estudios en el Valle Occidental (o de los Monos)

Estudios en el Valle Occidental (o de los Monos)

El hallazgo de la tumba KV63 en el año 2005 por parte del equipo dirigido por Otto Shaden (Universidad de Basilea) demostró, una vez más, que en arqueología no se puede estar seguro de nada hasta que no se alcanza la roca madre… Ese es el ánimo que ha impulsado el estudio realizado en el Valle entre el 2006 y el 2010, financiado por la Glen Dash Foundation for Archaeological Research.

Estudios de georradar en el Valle de los Reyes

Estudios de georradar en el Valle de los Reyes

En el Valle están a la espera de ser descubiertas las tumbas de Tutmosis II y Ramsés VIII, pero mientras aparecen, el estudio de georradar llevado a cabo por estos especialistas ya ha conseguido algunos resultados interesantes. El principal es que en el fondo del Valle los egipcios crearon un sistema de prevención de inundaciones. Quizá algunos se sorprendan, teniendo en cuenta que Egipto es un país desértico; pero lo cierto es que una vez cada muchos años se puede producir una lluvia torrencial que puede arrasar con todo. ¡Mejor prevenir que curar!, porque las tumbas se suponía que tenían que durar por toda la eternidad.

Escaneando el suelo frente a la tumba de Ay

Escaneando el suelo frente a la tumba de Ay

Como explica el arqueólogo egipcio Afifi Ghonim, a diez metros bajo el nivel del suelo actual, el radar ha descubierto un canal que recorría el valle principal y al que iban a desaguar canales secundarios desde los laterales. Su función era dirigir hacia la boca del Valle las aguas de escorrentía y todos los restos arrastrados por ella, para así evitar que penetraran en las tumbas reales dañándolas. Por desgracia, parece que los egipcios no creían demasiado en las ventajas del mantenimiento de las infraestructuras. De modo que al poco tiempo de ser creado, este sistema de control de inundaciones se encontraba colmatado y fuera de uso. Como dice Ghonim, en época de Tutankhamón las inundaciones volvían a ser un problema; pero fueron una bendición para el joven soberano, porque gracias a ellas la entrada a su tumba quedó sellada y olvidada para siempre… hasta que en 1922 Howard Carter y lord Carnarvon volvieron a sacarla a la luz.

Es una pregunta recurrente que se me suele hacer: «¿Cuánto queda por descubrirse en Egipto?» Año a año, la arqueología nos demuestra que mucho más de lo que podamos pensar…

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