El rescate de la segunda barca de Khufu

8 abril 2014

Lo bueno que tiene la ciencia, incluida la arqueología, es que nunca termina de realizar descubrimientos, siempre hay algún dato más, alguna información más que analizar, estudiar, descubrir. Por eso hoy voy a tratar un tema del que ya hablé hace bastantes meses: la segunda barca funeraria de Khufu.

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Tras el descubrimiento de la primera barca funeraria de Khufu en 1952, la sospecha de que la trinchera colindante, de idénticas características guardaba otro navío semejante sólo se confirmó en 1987 por parte de los especialistas de la universidad japonesa de Waseda, gracias al uso de radar electromagnético. Semanas después arqueólogos patrocinados por la National Geographic Society introdujeron una cámara fotografiándola. Si bien la cámara fue introducida sin que se produjera contaminación desde el exterior, se comprobó entonces que la trinchera no era estanca y que agua e insectos había penetrado en ella. Entre 1992 y 1993, la universidad nipona realizó cuatro sesiones de estudio de la madera con una técnica conocida como difracción de rayos X, comprobándose que su conservación no era la óptima deseable. Asimismo se observó que las muestras de aire tomadas eran casi idénticas a las del aire actual, confirmándose la falta de estanqueidad y no sólo eso, sino que la madera era ligeramente anterior al reinado de Khufu, es decir, que fue construida con madera procedente de los almacenes reales. ¿Quizá parte de esa flotilla de madera traída por Esnefru (padre de Khufu) desde el Líbano?

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Los trabajos preliminares del rescate comenzaron en junio del año 2011, con el levantamiento de las inmensas losas de piedra (41 en total, cada una con un peso de 14 toneladas) que cubrían la trinchera; pero la extracción propiamente dicha del barco desmontado no comenzó hasta dos años después, junio del 2013. Como era previsible, un acontecimiento de esta envergadura supuso que acudieran al lugar el ministro egipcio de Antigüedades, el embajador japonés en El Cairo y el director científico del proyecto Sakuji Yushimura para realizar la ceremonia del levantamiento de los primeros fragmentos de madera, que llevaron a cabo embutidos en trajes protectores. Periodistas y resto de personas autorizadas pudieron seguir todo el proceso transmitido por video a las pantallas de television dispuestas en una jaima cercana, levantada ex profeso para la ocasión. Terminadas las indispensables tonterías políticas, los científicos pudieron ponerse en marcha y, vestidos también con sus trajes protectores desechables, se pusieron manos a la obra para impedir que desaparezca uno de los pocos objetos que se conocen del constructor de la Gran Pirámide. Y en ello siguen.

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El trabajo de consolidación y restauración de las piezas de madera del barco será largo, porque si el primero está formado por 1.224 de ellas, otras tantas se pueden esperar de su gemelo. El proceso de montaje, en cambio, será sin duda más sencillo, porque las piezas se escanean según se terminan y eso permitirá realizar cuantos montajes virtuales sean necesarios antes del definitivo. Hace sesenta años, Hag Ahmed Yusuff, el genial artesano (restaurador jefe del Servicio de Antigüedades Egpcias) encargado de la tarea, tuvo que copiar todas las piezas en miniatura para aprender a montar el barco. Como éste se descubrió justo en el año de la revolución de los generales, en un ambiente de absoluto nacionalismo los egipcios rechazaron cualquier ayuda extranjera para trabajar con la barca, lo cual supuso para Yussuf trabajar en solitario (con sus ayudantes, evidentemente) a lo largo de los veinte años que tardó en terminar su trabajo. Esperemos que cuando los egiptólogos japoneses terminen el suyo ambas barcas se exhiban juntas en el nuevo Museo de las Civilizaciones que se construye en Guiza.

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Una conferencia (14-II-2014)

14 febrero 2014

Este viernes, en el Espacio Cultural MIRA (Camino de las Huertas, 42 [Pozuelo de Alarcón]) estaré dando una charla sobre “Diez misterios de Egipto que no lo son”.

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Un pedacito de Ramsés II

31 enero 2014

A veces, la arqueología no se hace sólo levantando polvo en un remoto paraje del valle del Nilo, dado lo poco que se usaba el método científico en los comienzos de la egiptología, muchas veces curiosear en polvorientos cajones por entre los almacenes de los museos proporciona resultados inesperados. Recientemente se ha producido uno de estos, porque nada menos que en la República Checa se acaba de encontrar un pedacito de las vendas originales que protegían el cuerpo de Ramsés II. Así informa al menos Bretislav Holasek, director del Museo Etnográfico de Olomouc (en la región de Moravia, al este del país), quien comenta que el hallazgo se produjo por casualidad, cuando los empleados del museo estaban estudiando la herencia dejada a la institución por uno de sus antiguos empleados, Vaclav Burian.

Rueda de prensa en el Museo Etnográfico de Olomouc

Rueda de prensa en el Museo Etnográfico de Olomouc

Este trozo de historia tejida apareció preservado entre dos cristales, junto con una carta que dice: «La momia de Ramsés II (manuscrito de mi hermano Richard Buchta). El diario de mi hermano habla de la apertura de la momia de Ramsés II, en la que participó. En junio de 1886, desvendado de la momia en presencia del khedive…». Butcha, el primer propietario de este souvenir milenario, fue un conocido artista y fotógrafo checo que documentó la vida de los fellahs egipcios de finales del siglo XIX.

La venda y la carta explicativa

La venda y la carta explicativa

Del mismo modo que Maspero invitó al cónsul español en El Cairo, Eduardo Toda, a excavar la primera de las tumbas descubiertas en el cementerio de Deir al-Medina, la de Senedjem, convirtió en un evento para la buena sociedad cairota el desvendado de las momias reales encontradas en 1881 en el cachette de Deir al-Bahari (DB 320). La egiptología como ciencia estaba naciendo y el valor científico de las momias se desconocía entonces por casi por completo. El interés generado por las momias reales era la curiosidad (por completo comprensible) de ver el rostro de las personas que dirigieron el destino de los pueblos de una gran parte del Mediterráneo oriental y aparecían citadas en los monumentos de todo el valle del Nilo.

La venda de Ramsés II y la carta que explica los detalles de la misma

La venda de Ramsés II y la carta que explica los detalles de la misma

No sería hasta casi treinta años después del desvendado de las momias cuando el anatomista australiano Grafton Elliot Smith (1871-1937) publicó un estudio científico de las mismas: The royal mummies (1912), dentro de la serie del catálogo general del Museo de El Cairo. Antes, no obstante, Maspero había publicado en el número de 1886 del Bulletin de l’Institut Égyptien un breve informe (pp. 253-255) sobre la apertura de la momia de Ramsés II, donde podemos leer: «Una vez constatada la presencia de esta última inscripción por S. A. el khedive y por las altas personalidades reunidas en la sala, se levantó la primera capa, y se descubrieron sucesivamente una banda de tela de unos 0 m 20 cm de anchura aproximadamente, enrollada en torno al cuerpo, y después un segundo sudario cosido y mantenido en su sitio por bandas estrechas…». Por las imágenes parece que el fragmento de venda recientemente encontrado podría pertenecer a esa primera banda de tela, quemada por las resinas derramadas sobre el cuerpo una vez terminada la momificación.

La venda de Ramsés II encontrada en el Museo Etnográfico de Olomouc

La venda de Ramsés II encontrada en el Museo Etnográfico de Olomouc

La venda, expuesta hasta marzo en una exposición sobre el antiguo Egipto, será puesta a disposición de los expertos en tejidos para que autentifiquen su antigüedad y origen. Si estas cosas suceden (y seguirán sucediendo) en museos occidentales, uno no puede por menos que soñar con los tesoros desconocidos que albergan los almacenes del Museo de El Cairo.

La venda de Ramsés II junto a una fotografías del soberano y de la carta que la autentifica

La venda de Ramsés II junto a una fotografías del soberano y de la carta que la autentifica

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Nuevos descubrimientos en el Valle de los Reyes

14 diciembre 2013

No es un hecho muy conocido para el público en general, pero en varias ocasiones se ha considerado que el Valle de los Reyes (la necrópolis tebana donde están enterrados los faraones del Reino Nuevo Egipcio) estaba arqueológicamente exhausto. El primero en afirmar tal cosa fue el abogado norteamericano Theodore M. Davies, quien tras doce años excavando el valle (1912-1914) y haber descubierto treinta tumbas —entre otras las de Yuya y Tuya (KV46), el posible enterramiento de Akhenatón (KV55), la de Horemheb (KV57) y el escondrijo con los restos del banquete funerario y embalsamamiento de Tutankhamón (KV54)— afirmó que el Valle estaba «agotado para la arqueología».
El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón en 1922 desmintió sus palabras, pero tras el inimaginable éxito que supuso su excavación de la KV62 (las tumbas del Valle de los Reyes están numeradas en el orden de su descubrimiento), nadie se atrevía a pensar en que hubiera otros hipogeos sin descubrir.

Estudios en el Valle Occidental (o de los Monos)

Estudios en el Valle Occidental (o de los Monos)

El hallazgo de la tumba KV63 en el año 2005 por parte del equipo dirigido por Otto Shaden (Universidad de Basilea) demostró, una vez más, que en arqueología no se puede estar seguro de nada hasta que no se alcanza la roca madre… Ese es el ánimo que ha impulsado el estudio realizado en el Valle entre el 2006 y el 2010, financiado por la Glen Dash Foundation for Archaeological Research.

Estudios de georradar en el Valle de los Reyes

Estudios de georradar en el Valle de los Reyes

En el Valle están a la espera de ser descubiertas las tumbas de Tutmosis II y Ramsés VIII, pero mientras aparecen, el estudio de georradar llevado a cabo por estos especialistas ya ha conseguido algunos resultados interesantes. El principal es que en el fondo del Valle los egipcios crearon un sistema de prevención de inundaciones. Quizá algunos se sorprendan, teniendo en cuenta que Egipto es un país desértico; pero lo cierto es que una vez cada muchos años se puede producir una lluvia torrencial que puede arrasar con todo. ¡Mejor prevenir que curar!, porque las tumbas se suponía que tenían que durar por toda la eternidad.

Escaneando el suelo frente a la tumba de Ay

Escaneando el suelo frente a la tumba de Ay

Como explica el arqueólogo egipcio Afifi Ghonim, a diez metros bajo el nivel del suelo actual, el radar ha descubierto un canal que recorría el valle principal y al que iban a desaguar canales secundarios desde los laterales. Su función era dirigir hacia la boca del Valle las aguas de escorrentía y todos los restos arrastrados por ella, para así evitar que penetraran en las tumbas reales dañándolas. Por desgracia, parece que los egipcios no creían demasiado en las ventajas del mantenimiento de las infraestructuras. De modo que al poco tiempo de ser creado, este sistema de control de inundaciones se encontraba colmatado y fuera de uso. Como dice Ghonim, en época de Tutankhamón las inundaciones volvían a ser un problema; pero fueron una bendición para el joven soberano, porque gracias a ellas la entrada a su tumba quedó sellada y olvidada para siempre… hasta que en 1922 Howard Carter y lord Carnarvon volvieron a sacarla a la luz.

Es una pregunta recurrente que se me suele hacer: «¿Cuánto queda por descubrirse en Egipto?» Año a año, la arqueología nos demuestra que mucho más de lo que podamos pensar…

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La tumba de un médico descubierta en Abusir

28 octubre 2013

La sabiduría médica de los faraones ha llegado hasta nuestros días encarnada en la sapiencia, para algunos teñida de ocultismo, de Imhotep. Gracias a su gran sabiduría en muchos campos, el arquitecto de la primera pirámide construida en Egipto se convirtió para los posteriores griegos en una manifestación de su dios de la medicina, Asclepio. Pero éstos no fueron los primeros del mundo antiguo en alabar la medicina faraónica. Un ejemplo muy anterior lo encontramos en la documentación diplomática del reinado de Ramsés II. En ella podemos leer que quien hasta hacía poco era su máximo enemigo político, el rey de los hititas, una vez firmada la paz no tardó en solicitar al monarca de las Dos Tierras el envío de uno de los reputados ginecólogos de la corte. ¿Su tarea? Encontrar un remedio que permitiera engendrar un hijo a la hermana del rey de Hatti. Desgraciadamente, como comenta el poco diplomático Ramsés II, los sesenta años de edad de la paciente volvían el caso harto complicado; pero quizá si así lo deseaban el egipcio Amón y el hitita Dios de las Tormentas el milagro podría producirse.

La excavación en Abusir de la tumba de Shepseskaf-Ankh

La excavación en Abusir de la tumba de Shepseskaf-Ankh

Evidentemente, el respeto que se tenía por los médicos egipcios comenzaba en el propio Valle del Nilo, donde los galenos podían alcanzar puestos de relevancia dentro de la jerarquía de la administración del país. Las recientes excavaciones del Instituto Checo de Egiptología en Abusir nos han vuelto a proporcionar un ejemplo de ello. Se trata de la tumba de Shepseskaf Ankh, «jefe de los médicos del Alto y el Bajo Egipto», fechada en la V dinastía. Es la tercera perteneciente a un galeno faraónico tipo encontrada en esta necrópolis, que fue el cementerio real de esta dinastía. En Abusir se construyeron la mayoría de las pirámides de los monarcas de la V dinastía.

La falsa puerta de Shepseskaf-Ankh

La falsa puerta de Shepseskaf-Ankh

La tumba es notable, no sólo por estar construida con bloques de caliza, sino porque mide 21 por 14 metros, con una altura de 4 metros. Un monumento con un tamaño más que adecuado para un personaje de su categoría. No olvidemos que, como recoge una gran falsa-puerta encontrada en la cara este de la mastaba, Shepseskaf-Ankh era «sacerdote de Ra en los templos solares», «sacerdote de Khnum» y «sacerdote de magia». Un título, este último, estrechamente relacionado con el mundo de la medicina según lo entendían los egipcios.

Detalle de los títulos y nombre de Shepseskaf-Ankh en su estela falsa-puerta

Detalle de los títulos y nombre de Shepseskaf-Ankh en su estela falsa-puerta

En el antiguo Egipto la magia y la medicina se puede decir que era una misma cosa. En los papiros médicos que conocemos se recogen cuidadosamente los resultados obtenidos tras años de práctica por diferentes médicos con distintas enfermedades y traumatismos. Gracias a ellos sabemos que el modo de actuar de los médicos faraónicos era similar al actual. En primer lugar estudiaban al enfermo (sus dolencias o sus heridas), seguidamente ofrecían un diagnóstico de la causa de las mismas, para terminar prescribiendo un tratamiento. Esta es la parte pragmática y visible de la curación, la cual venía acompañada por la invisible: la magia. Los egipcios consideraran que las enfermedades estaban relacionados con el mundo de lo intangible, de modo que las curaciones no eran completas si no trataban a la vez este aspecto.

Desde el punto de vista moderno, el recurso a la magia de los médicos egipcios era un inteligente modo de poner en práctica el efecto placebo y reconfortar al enfermo haciéndole ver que nada se dejaba al azar y se ponían todos los remedios para atajar su enfermedad. Lo cual era un modo perfecto de hacer que su mente aplicara todos sus recursos en curarse sin darse cuenta. Sin embargo, como demuestran el comentario de Ramsés II y las descripciones de algunos casos en los papiros médicos, los galenos egipcios sabían que el mundo real siempre se imponía al mágico. Así, en el Papiro Ebers encontramos el siguiente comentario: «Si examinas a un hombre porque le duele el estómago y le duele el brazo y el lado del estómago. Hay que decir respecto a ello: es la enfermedad wadji. Hay que decir respecto a él: algo ha entrado en su boca. La muerte se aproxima».

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El asesinato de Ramsés III

25 septiembre 2013

A pesar de lo que se suele creer, la vida en el antiguo Egipto no era una balsa de aceite, ni siquiera para los todopoderosos faraones. El mismo Akhenatón se queja en una de sus estelas de frontera de que su decisión de trasladar la capital a Amarna encontró oposición entre los miembros de la corte. Dice: «es peor que lo que escuché en el año 4; [...] es peor que lo que escuchó el rey Tutmosis IV y peor que lo que escucharon todos los reyes que han llevado] la corona blanca». ¡Para que luego digan del poder omnímodo de los faraones! Pero estas críticas era lo mínimo a lo que se podían enfrentar los monarcas del valle del Nilo en cuestión de oposición. Cuando las cosas se ponían feas de verdad, su propia vida corría peligro. En realidad, a pesar de lo discretas que son las fuentes al respecto, pues siempre habían de mostrar al faraón como victorioso y perfecto, lo cierto es que conocemos más de una y de dos conjuras organizadas contra el señor de las Dos Tierras.

Que sepamos, el primero en sufrir un intento de asesinato fue Pepi I, monarca de la VI dinastía que sufrió una conjura organizada por una de sus reinas desde el harén. Conocemos el suceso gracias a la autobiografía de Weni, a quien el monarca encargó que juzgara el caso. Menos suerte tuvo Amenemhat I, primer soberano de la XII dinastía, que murió asesinado por sus propios guardias, instigados por una de las mujeres del harén. Las aventuras de Sinuhe y las Instrucciones de Amenemhat nos informan del acontecimiento. Un caso similar tuvo lugar en el año 30 del reinado de Ramsés III, durante la XX dinastía, cuando una bien tramada conjura organizada por, efectivamente, ¡una mujer del harén!, atentó contra la vida del rey de Egipto. Un caso cuyas amplias ramificaciones y participantes conocemos gracias a las actas del juicio, que se conservan en varios papiros, el más destacado de los cuales es el Papiro judicial de Turín.

Dado que los culpables del atentado contra Ramsés III fueron sometidos a juicio y condenados (pese a los intentos de algunas de ellas de sobornar a los jueces con sexo en forma de orgías) se suponía que aquél quizá sobrevivió y pudo organizar el juicio, pero nada se sabía con seguridad. Al menos hasta que hace no mucho la publicación de los resultados de un escáner realizado a la momia reveló nuevos datos al respecto.

El estudio fue realizado por el Dr. Albert Zink, del Instituto de Momias y el Hombre de Hielo de la Academia Europea de Bolzano (Italia) y encontró que, justo debajo de la laringe, la momia presentaba un corte de 7 cm de longitud que había seccionado todos los tejidos blandos del lado anterior del cuello. La tráquea estaba cortada y sus extremos separados 3 cm, y junto a ella también quedaron seccionados el esófago y los vasos sanguíneos. La conclusión de los médicos es que la herida muy bien pudo haber causado la muerte inmediata de Ramsés III. El escáner reveló también que durante la momificación los embalsamadores intentaron corregir el daño de la herida introduciendo en su interior un ojo Udjat de 1,5 cm de diámetro. Su deseo era que el poder apotropaico del amuleto hiciera que el cuerpo llegara intacto al más allá.

Imagen del escáner de la momia de Ramsés III. Las estrellas señalas los extremos del corte en  su garganta

Imagen del escáner de la momia de Ramsés III. Las estrellas señalas los extremos del corte en su garganta

Según el Papiro judicial de Turín —donde los nombres de los acusados se cambian por otros similares, pero cuyo significado es negativo, para que así pierdan su identidad y no puedan alcanzar el otro mundo—, la reina organizadora se llamaba Tiyi. Su intención era situar en el trono a su propio hijo, que en el papiro aparece mencionado como Pentaur y del que poco o nada se sabía hasta el estudio de Zink.

Bob Brier y Zahi Hawasss estudiando la momia E de la tumba DB 320

Bob Brier y Zahi Hawasss estudiando la momia E de la tumba DB 320

Como es bien sabido, en realidad la momia de Ramsés III no fue encontrada en su hipogeo del Valle de los Reyes, sino junto a varias decenas más en lo que se conoce como el escondrijo de Deir al-Bahari (tumba DB320). Fue allí donde la habían escondido los sacerdotes de Amón durante la XXI dinastía para evitar que fuera profanada por posibles ladrones de tumbas. En medio de este conjunto de grandes faraones se encontró una momia muy peculiar, porque tras las vendas que la cubrían estaba envuelta en una piel de cabra y, por si esto fuera poco, tenía las manos y los pies atados y carecía de incisión en el abdomen, lo cual nos indica que conserva sus órganos internos. Bautizada como Hombre Desconocido E, el estudio de su ADN ha demostrado que muy probablemente su padre sea Ramsés III con quien comparte alelos idénticos en marcadores autosómicos. La conclusión más probable es que Ramses III y el hijo que quiso usurparle el trono terminaran pasando juntos la eternidad por culpa del despiste de los sacerdotes que agruparon las momias reales. Y es que, antes de ser trasladadas a la DB320, las momias reales pasaron bastante tiempo almacenadas en el templo funerario de Ramsés III, Medinet Habu, muchas de ellas perdieron las etiquetas que las identificaban y acabaron traspapelándose.

El extraño rictus que le quedó a la momia E tras su momificación

El extraño rictus que le quedó a la momia E tras su momificación

Sin embargo, ninguna de estas noticias era nueva, porque los resultados del estudio ya aparecieron mencionados en un documental sobre Ramsés emitido en la televisión alemana en el 2011; y lo mismo sucede con la posibilidad de que la momia E sea la del hijo asesino de Ramsés III, algo sugerido por Gaston Maspero ¡en 1886!, cuando desvendó las momias del escondrijo. El motivo del revuelo mediático generado por la publicación oficial de los resultados queda claro cuando nos fijamos en el primer autor del artículo, el ínclito Zahi Hawass, siempre fiel a sus excelentes labores como propagandista del antiguo Egipto, ya que no como egiptólogo.

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Una esfinge de Menkaura en Israel

29 julio 2013

Al principio de la historia faraónica, la relación existente entre Egipto y el sur de Palestina parece haber sido muy estrecha. De hecho, una de las primeras culturas predinásticas, la de Maadi, ya parece haber mantenido fluidos contactos comerciales con esa región. Unos contactos que no sólo no desaparecieron durante la unificación del valle del Nilo, sino que incluso se fortalecieron e incrementaron. Los restos arqueológicos son muy claros, porque en todo el camino que va desde el Delta por la costa hasta el sur de Palestina se han encontrado numerosos asentamientos faraónicos, en muchos de los cuales hubo población egipcia. En varios de ellos se han hallado sellos de Narmer (En Besor, Rafia, Tel Erani y Arad), pero no es el único soberano de la I dinastía allí presente, porque en Ain Besor, en el sur de Palestina, han aparecido noventa fragmentos de sellos de Djer, Den, Anedjib y probablemente Semerkhet. Sin embargo, esta indudable presencia egipcia en el sur de Palestina desaparece súbitamente durante la II dinastía, cuando los egipcios dan un salto en sus transportes comerciales y pasan a utilizar la vía marítima para llegar a Biblos y sus maderas. Dado el vacío arqueológico de restos egipcios en Palestina durante el Reino Antiguo, el descubrimiento de los fragmentos de una esfinge del faraón Menkaure es una estupenda noticia.

El voluntario australiano Joshua Talbot enseña satisfecho la estatua

El voluntario australiano Joshua Talbot enseña satisfecho la estatua

El hallazgo tuvo lugar a principios de este mes de julio en la antigua ciudad de Hazor, en unas excavaciones dirigidas por Amnon Ben-Tor, catedrático de arqueología en el Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea, y Sharon Zuckerman, profesora de arqueología en la misma institución. Situada al norte del mar de Galilea, Hazor fue una de las principales ciudades cananeas de su época. Fue aquí donde han parecido los restos (de medio metro de largo) de las patas delanteras de una esfinge cuya inscripción nos informa de que perteneció a Menkaura (el Micerino de los griegos) que era «Amado de la divina manifestación de Heliópolis [...] que le dio vida eterna».

Vista de los restos de la esfinge

Vista de los restos de la esfinge

Como ya he mencionado, la noticia es llamativa porque durante el Reino Antiguo los contactos entre Egipto y Canaán fueron inexistentes. Se sabe de otras ciudades de la época, más allá de Biblos, con los cuales los egipcios mantuvieron contacto, directos o indirectos, como por ejemplo Ebla (Tell Mardik, en la moderna Siria). Una ciudad ésta donde se han hallado unos pocos objetos con el nombre de Khafra (el Kefrén de los griegos) y Pepi I. Se trata de materiales probablemente llegados a los dirigentes de la ciudad siria como muestra de buena voluntad comercial por parte de los soberanos egipcios. Nada tiene de extraño, al fin y al cabo estamos hablando de dos potencias de la época. Sin embargo, la realidad de la excavación parece desmentir que algo similar hubiera sucedido entre Hazor y Menfis, porque la esfinge de Menkaura apareció en un estrato de destrucción fechado en el siglo XIII a. C. Esto la sitúa más bien como objeto de rapiña o intercambio (o ambas cosas) llegado a Palestina en un momento indeterminado. Sus descubridores piensan que pudo haber llegado a modo de obsequio por parte de un soberano egipcio de los siglos XV-XIII a. C. Una fecha en la que Egipto controlaba gran parte de la política cananea por medio de sus Estados vasallos y Hazor era la gran metrópolis de la región, con una extensión de unas 80 hectáreas y cerca de 20.000 habitantes. Pero, no se trata de algo seguro, y Ben-Tor y Zuckerman también barajan la posibilidad de que la estatua llegara durante la época hyksa, cuando los sirios-palestinos asentados en el Delta egipcio se convirtieron en el grupo gobernante de toda la parte septentrional del valle del Nilo.

El texto grabado entre las patas de los restos de la esfinge

El texto grabado entre las patas de los restos de la esfinge

Sea como fuere, lo cierto es que la esfinge de Menkaura sigue siendo un artefacto de grandísimo valor histórico. No sólo porque ayuda a ir perfilando mejor el complejo mundo de las relaciones Egipto-Palestina, sino también el los estilos artísticos de la IV dinastía. Además de ser la primera estatua egipcia «monumental» (metro y medio de longitud por medio metro de altura se calcula que tendría el monumento completo) encontrada en Palestina, también es la primera representación conocida de Menkaura como esfinge. Esperemos que, como desean sus excavadores, consigan encontrar los fragmentos que faltan de la estatua.

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Reconstrucciones faciales y retratos del Fayum

4 julio 2013

Hay que reconocer que Bob Brier no es un egiptólogo muy ortodoxo, porque si bien es doctor, lo es en Filosofía por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (1970). Por otra parte, no cabe duda de su buen hacer como estudioso, que le llevó a ser director del departamento de esta disciplina en la Universidad de Long Island (1981-1996). Esta circunstancia, sus primero pinitos en el mundo de la parapsicología y sus exitosos programas de televisión sobre la cultura faraónica pueden hacernos pensar que estamos ante un diletante de la egiptología; pero no es así, porque sus amplios conocimientos sobre el mundo faraónico le han permitido enseñar jeroglíficos y egiptología en centros de docencia universitaria de la ciudad de Nueva York. Por si esto fuera poco, Brier también ha realizado interesantes aportaciones científicas a esta ciencia. Uno de las más curiosas consistió en replicar el método de momificación egipcio con el cuerpo que un difunto había donado a la ciencia. El resultado lo presentó en dos artículos publicados en una de las más venerables revistas científicas de egiptología la Zeitschrift für ägyptische Sprache und Altertumskunde (abreviada ZÄS) Este trabajo, realizado junto al forense Ronald Wade, les permitió confirmar y despejar algunas dudas al respecto de la técnica egipcia, como demostrar que el cerebro sólo podía ser extraído por la nariz después de haber sido convertido en pulpa con una varilla.

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Recientemente, y en la misma revista, Brier va a publicar publicar otro interesante artículo relacionado también con las momias egipcias. Esta vez son de época romana y están protegidas por tablas de momia sobre las que hay pintadas un retrato del difunto.

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La historia de estas momias y sus retratos comienza en torno a 1880, cuando comenzaron a aparecer en el mercado de antigüedades. Como no podía ser de otro modo, las mejor conocidas son el grupo que desenterró y estudio W. M. F. Petrie en El Fayum algunos años después, pues son de las pocas donde momia y tabla pintada se conservan juntas. Por desgracia, de los más de mil «retratos del Fayum» que se conocen, en poco más de cien casos ambos elementos se mantienen aunados. En realidad, éste ha sido el objetivo de la investigación de Brier, intentar comprobar hasta qué punto los retratos de esos romanos-egipcios de los siglos I-III d. C. son fieles a los rasgos del difunto que los encargó.

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Para ello Brier realizó tomografías computerizadas de las momias, convertidas luego en modelos físicos de resina que, seguidamente, pasó a una experta forense en reconstrucciones faciales sin informarle ni mostrarle los retratos. La tarea de reconstrucción no es sencilla y supuso bastantes días de trabajo por cada cráneo por parte de la forense, Caroline Wilkinson, pero mereció la pena. Cuando se comprobaron sus resultados con la imagen de la tabla correspondiente se comprobó que los pintores romanos-egipcios eran diestros, poseían una gran técnica y… sabían quién le pagaba el sueldo. Como se puede ver en los ejemplos publicados, el parecido entre la reconstrucción y su retrato es innegable, aunque con algunos matices, pues el artista retocó ligeramente algunos rasgos del difunto para conseguir que su aspecto mejorara. Las narices sufren una ligera rinoplastia con el pincel y se hacen algo más pequeñas y coquetas, mientras que los rasgos del mentón o los pómulos sufren también un pequeño «toque» que los hace más marcados y atractivos a la vista.

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En al menos un caso de los cuatro que ha estudiado, el pintor modificó tanto los rasgos físicos del difunto con sus pinceles que el propio Brier consideró en un primer momento que tabla y momia no se correspondían. No obstante, un análisis más en profundidad de los rasgos uno por uno terminó por demostrar que no había habido equivocación de los embalsamadores, sólo un exceso de celo por parte del artista…

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Conferencia en Valencia el jueves 13 de junio, en el Corte Inglés de Roger de Lauria a las 19.00

11 junio 2013

MOMIAS, PIRÁMIDES Y MALDICIONES

Las momias son, sin duda, uno de los rasgos culturales más conocidos de la civilización del valle del Nilo. La gente se siente atraída por ellas por el innegable placer morboso que proporciona poder mirar a una persona cuya vida se sabe terminó hace miles de años; más si se trata de alguien cuyos hechos conocemos, como es el caso de los faraones. Sin embargo, tras unos azarosos primeros tiempos, los especialistas se han dado cuenta de que las momias son mucho más de lo que se pensaba a principios del siglo xx.

En primer lugar nos encontramos con que, como están demostrando los últimos descubrimientos de Hieracómpolis, el origen de las momias egipcias no es el que todos pensábamos No nacieron intentar evitar que el cuerpo del difunto se descompusiera, sino por motivos ideológicos. La ideología funeraria predinástica está demostrando ser bastante más compleja e interesante de lo que se sospechaba.

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En segundo lugar tenemos que, para sorpresa de muchos, en especial los amantes de lo misterioso,que están convencidos de lo. contrario, se conocen infinidad de momias que fueron enterradas dentro de las cámaras funerarias de las pirámides Recientemente, además, excavaciones modernas y cuidadosas han aumentado el número que se conoce de ellas encontradas in situ y un estudio paleopatológico ha permitido identificar una de ellas hasta ahora anónima, la de Djedefre. Conocemos momias de faraones de todas las dinastías durante las cuales se construyeron pirámides.

En tercer lugar, los recientes avances científicos nos permiten ahora averiguar mucha información de las momias sin tener siquiera que desvendarlas, lo que permite conservarlas mejor y tal cual fueron encontradas. Estudios realizados a la momia de «Ginger», Ramsés III o Tutankhamon han demostrado ser toda una fuente de datos históricos de gran relevancia.

Por último, la ciencia ha demostrado de forma tajante lo que todos sabían, que la maldición de Tutankhamon no es sino una leyenda urbana.

En el programa “Viaje al centro de la noche” de RNE

10 junio 2013

Este es el enlace al podcast de mi intervención en el programa de RNE “Viaje al centro de la noche” emitido a las 3.00 de la mañana del lunes 10 de junio del 2013.

 

 

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