Las momias de animales toman el Caixaforum

1 mayo 2015

Los romanos se quedaron horrorizados cuando vieron a los dioses egipcios con cabeza de animal, les parecían una monstruosidad. Sólo de un país bárbaro y decadente se podía esperar que creyeran que los animales eran dioses, cuando la lógica dictaba que lo evidente era un dios de barbas tupidas, mucho poder y peor mala leche, que vivía con sus muchos adláteres flotando por el firmamento dedicándose a hacerle la vida imposible a los humanos. Y, si no, que viniera Cloacina, la diosa de la Cloaca Máxima, a dejárselo clarito.
El caso es que si vemos la estatua de un dios egipcio esculpida por un romano el resultado es bastante aterrador, parece el monstruo —efectivamente— de una película de alienígenas. No es de extrañar, porque el modo de representar de los romanos no era el egipcio, del mismo modo en que tampoco lo era su modo de pensar. En realidad los egipcios no adoraban a los animales. Digamos que en algunos animales veían características que eran propias de un dios determinado, de modo que consideraban estaban de algún modo relacionados con ellos. Para los egipcios faraónicos los animales no eran dioses y no les rendían culto. Lo que sí hacían en época ptolemaica, que fue cuando los romanos llegaron a Egipto, era momificar a esos animales que relacionaban con algún dios y presentarlos en los templos como ofrendas votivas: halcones para Horus, ibis para Thot, cocodrilos para Sobek, gatos para Bastet… y lo hicieron en cantidades asombrosas. Se conocen necrópolis para estas momias que contienen cientos de miles de ejemplares. La demanda era tal que los sacerdotes, siempre atentos al negocio, crearon criaderos junto a los templos para satisfacerla.
Hoy tenemos la suerte de ver en Madrid una selección de esas momias dentro de la estupenda exposición «Animales y faraones. El reino animal en el antiguo Egipto», que estará visitable en Caixaforum de Madrid hasta 23 de agosto. Como su título indica, no sólo de momias va la cosa. En realidad realiza un recorrido por los animales en el antiguo Egipto, cuáles había, cómo los representaban, cómo los explotaban, qué cabida tenían en el mundo de los dioses y, por supuesto, cómo los momificaban.
Se trata de una exposición del tamaño justo, la cual puede ser visitada sin prisas en una hora deteniéndose a disfrutar en las piezas más interesantes ¡y hay unas cuantas! De las 400 piezas que la componen, aproximadamente la mitad han sido restauradas gracias al convenio de La Caixa con el Museo del Louvre, la institución de donde proceden. En realidad, muchas de ellas se exponen al publico por primera vez, tras pasar años protegidas en los almacenes del museo, que no tiene espacio para exponer todos sus tesoros.
La visita es sencilla, no hay más que dejarse guiar y leer los paneles para ir aprendiendo cosas del mundo de los faraones y descubrir pequeños tesoros de la cultura faraónica. Hay algunas piezas espectaculares por su vistosidad, que se reconocen en más de un libro dedicado al arte egipcio, como puede ser el relieve de babuinos de la gran sala final o el modelo de escultor de un par de pollitos de codorniz —la letra w en jeroglíficos—. Otras destacan por su belleza intrínseca, como las momias de gato romanas o varias de las estelas y relieves expuestos; pero, personalmente, lo que más me ha hecho disfrutar son los diferentes ostraca (lascas de caliza o fragmentos de cerámica utilizados como soporte para la escritura o el dibujo) que se reparten por el recorrido. Algunos achacan a los egipcios «no saber dibujar», pero cuando vean estas piezas se darán cuenta de que si los dibujantes del faraón utilizaban la perspectiva aspectiva —ya saben, andar a la egipcia con un toque de cubismo, pero en plan ordenado— era porque sus sistema de creencias así lo requería, no porque no fueran capaces de dibujar «mejor». Por cierto, ¿ya os he hablado de la momia del cocodrilo?…

A Roma lo que es de Roma y al templo lo que es del templo

15 abril 2015

Ptolomeo Lagos consiguió quedarse con Egipto a la muerte del conquistador de Alejandro Magno, cuando él y los principales generales del conquistador macedonio se repartieron el imperio. Para Ptolomeo y sus descendientes la tierra del Nilo fue siempre, eso, terreno conquistado, un territorio del cual expulsaron a los persas y con cuyas gentes y cultura nunca se juntaron. ¿Cómo hubiera sido posible?, eran bárbaros al fin y al cabo. De modo que en época ptolemaica existió en Egipto una doble cultura, la faraónica de toda la vida, la que comenzó en el año 3100 a. C., y helenística traída por Alejandro y desarrollada después por los ptolomeos.
Dos lenguas, la de los autóctonos sometidos y la de los dominadores llegados de la orilla norte del Mediterráneo se utilizaban a diario. Una era la que hablaba la gente del lugar, dedicada sobre todo a cultivar la tierra, mientras que la otra era utilizada por los recién llegados y su Administración. No parece que para los egipcios el cambio de gobernantes implicara muchas variaciones en su vida. El Nilo seguía creciendo cada verano y ellos seguían cultivando la tierra, produciendo las cosechas que eran la envidia del Mediterráneo y, como siempre, siguieron pagando sus impuestos. En primer lugar a la administración ptolemaica, que se encargaba de explotar a todo el país por igual; pero en segundo lugar al templo de la ciudad, que era para ellos el que se ocupaba de mantener el orden en el mundo y evitar que el caos se apoderara de todo.
Hasta ahora se pensaba que en los trescientos años que duró la dinastía ptolemaica el impuesto al templo de la ciudad fue menguando en importancia, hasta que al pasar Egipto al control de Roma desapareció por completo. No obstante, una reciente investigación del Dr. Andreas Winkler ha demostrado que los historiadores se equivocaban en este punto.
Su estudio se centra en la ciudad de Tebtunis. Situada al suroeste del lago Fayum, la biblioteca de su templo es una de las mejores conservadas de la época, con papiros de todo tipo. Entre ellos destacan una serie de recibos del pago de impuestos que demuestras que los egipcios de entonces pagaban a los recaudadores romanos la parte correspondiente de su cosecha, como era de esperar; pero también que habían de hacer frente a un impuesto de menor cuantía entregado a los sacerdotes del templo de la ciudad, dedicado al dios cocodrilo Sobek.
A lo que parece, los sacerdotes recibían como pago por sus servicios parcelas de tierra. Era un gran sacerdote del templo, mencionado en los documentos por su nombre griego de Lesonis, quien se encargaba de actuar como una especie de gestor financiero para un consejo de otros sacerdotes. Entre sus responsabilidades parece haber estado la de repartir esos terrenos entre los servidores de Sobek.
La importancia del hallazgo radica en comprobar que la continuidad de los modos faraónicos-ptolemaicos durante la época romana fue más importante de lo que se creía hasta ahora. Cierto que ni los ptolomeos ni los romanos se esforzaron en absoluto en aculturar a los egipcios, pero también que éstos se mostraron especialmente apegados a sus modos. Sólo la paulatina conversión del país al cristianismo parece haber terminado con la cultura faraónica; pese a lo cual, algunas de sus iconografías terminaron filtrándose al pensamiento copto y desde ahí a todo el cristianismo. No hay más que ver cómo las calderas del infierno ya aparecen representadas tal cual en algunas escenas del Libro de las cavernas.

Un nubio enterrado en Tebas (el Proyecto Dos Cero Nueve)

2 marzo 2015

Terminada la XX dinastía, y con ella la principal etapa de Egipto como una de las potencias dominantes del Mediterráneo oriental, el tercer período intermedio fue un momento de desajuste político en el valle del Nilo. Al principio, los faraones de la xxi dinastía que controlaban el norte del país se las tuvieron tiesas con los sumos sacerdotes de Amón, que habían creado su propio linaje y gobernaban la región central y meridional de Egipto. La única diferencia entre ellos y un rey es que no utilizaban el título de faraón, ¿para qué si se comunicaban directamente con el dios titular de la monarquía? La situación pareció recomponerse a comienzos de la XXII dinastía con Sheshonq I, de origen libio, pero se trató de un mero espejismo, pues el país volvió a quedar dividido políticamente con la XXIII y la XXIV dinastía. Una situación, esta de la inestabilidad política, que se dejaba sentir en tierras nubias, controladas antaño por los soberanos egipcios.

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Los muchos siglos de dominio egipcio hicieron que la cultura nubia terminara completamente influida por la faraónica. Tanto, que los monarcas nubios llegaron a considerarse como los verdaderos herederos de la ortodoxia faraónica, en especial al ver el tremendo desbarajuste político existente en el valle del Nilo. Sintieron entonces que su obligación moral era restaurar el orden en la tierra de sus «orígenes» y devolverle la maat (palabra egipcia que significa «equilibrio», «justicia», «orden») a una tierra controlada por el caos. Como la conquista de la dinastía nubia tuvo éxito, sus soberanos se convirtieron en la XXV dinastía egipcia y los funcionarios que nombraron para administrar el país siguieron con la costumbre ancestral de excavarse una tumba en la orilla occidental de Tebas.

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Recientemente, un equipo arqueológico español dirigido por el profesor Miguel Ángel Molinero (Universidad de La Laguna) ha vuelto a encontrar una tumba de este período, «extraviada» con el paso de los decenios. Fue descubierta en 1902 por el químico británico metido a arqueólogo Robert Mond; pero sólo en 1970 volvió a entrar en la tumba alguien con interés científico, Dietheln Eigner. En realidad, digamos que se arrastró por dentro del hipogeo, cuyas estancias estaban llenas de derrubios. En el 2007, la demolición de las casas ilegales que llevaban un siglo ocupando el lugar llenó la zona de escombros, tapando su entrada y haciendo que se perdieran las referencias topográficas de la misma (denominada TT 209 por los egiptólogos). Sólo el buen ojo del profesor Molinero a la hora de seleccionar el punto en que comenzar las excavaciones en el 2012 ha permitido recuperar el monumento perdido.
Una interesante peculiaridad de la tumba es el lugar donde se encuentra excavada, un wadi (rambla en árabe) y no la ladera de las colinas circundantes, donde se encuentran todas las demás de la necrópolis. Este detalle, que puede tener algún significado simbólico o, simplemente, deberse a una mera falta de espacio en la ya entonces atestada necrópolis. Por otra parte, dado que han podido empezar a excavar su interior, el equipo canario ha descubierto que es bastante más grande de lo que se pensaba hasta ahora. El el patio exterior que precede al hipogeo alcanza más de 400 m2 de superficie y en él han aparecido restos de diferentes estructuras aún por identificar. El interior cuenta con más de 125 m2 de superficie interior, dividida en varias cámaras. De hecho, la última campaña terminó justo delante de una puerta, que espera pacientemente a la próxima temporada de excavaciones para ser abierta y proporcionarnos nuevos datos.
Entre los satisfactorios resultados de las primeras campañas se cuenta el hallazgo del verdadero nombre del dueño de la tumba. Hasta ahora, el difunto enterrado en ella era llamado Seremhatrekhyt, que en realidad no es sino un título administrativo utilizado modernamente como patronímico; sin embargo, al desenterrarse la entrada se ha podido leer en su dintel que se llamaba Nisemro, a quien los textos califican como aquél que «Entra primero» o «Entra de frente». Por si cupieran dudas sobre la cronología del monumento, un relieve del difunto luciendo un tocado típicamente nubio nos aclara sus orígenes y deja claro el período durante el cual se excavó el monumento.

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Arqueológicamente, uno de los problemas de la excavación de la tumba es que su interior estaba colmatado hasta una cierta altura. Un proceso que probablemente comenzara en la época romana, cuando diversas riadas entraron en ella arrastrando cascotes y barro. Esto supone un problema de conservación, porque llena de humedad la tumba, que los conservadores del equipo están apañando para ir disminuyendo sin que la tumba corra el riesgo de resquebrajarse al desecarse de forma brusca al quitar la tierra húmeda.
De todos modos, como no hay mal que por bien no venga, esas lluvias torrenciales y sus derrubios han proporcionado al profesor Molinero y su equipo la posibilidad de comenzar un nuevo frente de investigación, el de las lluvias torrenciales en Egipto. La estratigrafía de las mismas permitirá a los especialistas sonsacar el secreto de estas riadas, manifestación del mal para los egipcios. Lógico, si tenemos en cuenta que cada vez que caía una lluvia torrencial se podían encontrar con que sus casas se deshacían como azucarillos en el té. Contar con una estratigrafía que estudiar es algo poco habitual para los arqueólogos en Egipto, donde por lo general todo lo que se encuentran son depósitos de arena en capas indistiguibles. Es un ejemplo más de toda la información que una excavación arqueológica bien realizada, como es el Proyecto Dos Cero Nueve, puede proporcionar.

A ver pirámides a Egipto

20 febrero 2015

Pues ya es oficial. A finales de mayo me voy con un grupo de intrépidos viajeros a ver pirámides a Egipto, seguido de unos días de relajación remontando el Nilo en un estupendo crucero… ¿Alguien se apunta? Entraremos en la Gran Pirámide, la pirámide de Menkaure, a pirámide Escalonada, la mastaba Faraun, la pirámide Roja, la de Meidum,veremos las de Seila, Hawara, Lahun, Abusir… Además, a modo de intermedio, entre pirámides y  crucero (lleno de paradas para visitar templos espectaculares), un maravillo día de picnic en el Wadi de las Ballenas, en pleno desierto occidental Ah, y no se  nos escaparán ni el Valle de los Reyes, ni Karnak, ni Luxor ni, por supuesto, Abu Simbel o el Museo Egipcio. Y, sí, también habrá tiempo para las compras…

http://www.sociedadhistorica.com/piramides.php

Más sobre los ladrones subacuáticos

31 diciembre 2014

Si hace unos meses se habló de unos saqueadores de tumbas que habían sido detenidos en posesión de equipos de buceo, con los que habrían estado saqueando una zona arqueológica a 40 km al sur de Guiza, hace unos días por fin la información se ha aclarado un poco.

La extraña noticia de que el grupo de saqueadores contaba con trajes de neopreno, gafas de buceo y botellas de oxígeno comienza a explicarse, si bien los medios egipcios siguen siendo más bien parcos en detalles. No es que los ladrones se estuvieran sumergiendo en el Nilo y utilizaran un túnel para entrar en un templo, pues eso es lo que han encontrado, y de Tutmosis III nada menos, sino que al cavar ¡ocho metros! se toparon con la capa freática. Siendo unos profesionales del saqueo y dándose cuenta de que tenían en sus manos un hallazgo digno de los hermanos Adb el-Rasul, no se anduvieron con chiquitas y decidieron dedicarse a la desarqueología subacuática. El caso es que por entonces (el mes de agosto) la policía los detuvo al sorprenderlos en posesión de equipo «sospechoso» y porque por la zona se sabía de grupos armados de excavadores ilegales. Dicen ahora las agencias egipcias que, al no ser esta una zona declarada arqueológica por el Ministerio de Antigüedades y no haberse encontrado en su posesión tesoros, a finales de ese mismo mes de agosto fueron puestos en libertad.

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Sin embargo, hace pocos días, volvió a suceder. Egipto estuvo ocupada por la civilización faraónica desde aproximadamente el años 3100 a. C. Lógicamente, los restos arqueológicos que han terminado perdidos a todo lo largo de la orilla del Nilo son innumerables. Esto es vox populi, de modo que cuando alguien construye una casa en un terreno que puede parecer arqueológicamente baldío en un primer momento, siempre tiene la esperanza de que pueda estar edificada sobre algo de valor. Sólo hace falta diseñar la casa con un patio adecuado y, cuando la oportunidad se presenta, y en tiempos de crisis esa oportunidad se anuncia a cañonazos, comenzar a cavar en él. En este caso, parece, el nuevo hallazgo lo realizó un probo campesino, que se tropezó con una estatua sedente del susodicho Tutmosis III cuando estaba excavando una zanja para colocar una bomba de agua. Por supuesto, se apresuró a comunicárselo a las autoridades. Por ahora, tras trabajar arduamente durante tres días con bombas para hacer descender el nivel de la capa freática (una técnica perfeccionada por el austriaco Manfred Bietak y su equipo en el yacimiento de Tell al-Daba, en el Delta) la policía de antigüedades y los expertos del Ministerio han encontrado un botín notable: siete estelas, restos de columnas de granito rosa, así como una estatua de 2,5 metros de altura, sedente y descabezada, de una persona a la que le faltan los brazos.

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Ahora parece claro que en agosto los siete ladrones en realidad sí se estaban dedicando al saqueo submarino, intentado hallar tesoros «vendibles» para algún desgraciado coleccionista occidental. Por suerte para ellos, la policía no los descubrió con las manos en la masa; mas, por fortuna para la egiptología y el patrimonio egipcio, su detención llamó la atención de las autoridades sobre una región hasta el momento considerada «virgen» arqueológicamente. Finalmente, los recientes hallazgos han decidido a las autoridades egipcias a declarar toda la como de interés arqueológico, lo cual ha supuesto que se hayan comenzado a realizar sondeos en diferentes puntos de la zona para intentar dilucidar ante qué nos encontramos.

El principal problema será intentar averiguar qué consiguieron encontrar los ladrones caniculares antes de ser descubiertos. Esperemos que no hayan tenido tiempo de sacarlo ilegalmente del país.

Buceando que es gerundio

31 diciembre 2014

Tras la revolución del 2011, digamos que la salvaguarda de los monumentos no fue la primera preocupación del gobierno egipcio. En unos casos porque las fuerzas de seguridad fueron destinadas a otros menesteres y en otros, la mayoría, porque la población sintió menguar el puño que la controlaba, el caso es que los robos e intentos de saqueo del patrimonio del país a manos de sus propios ciudadanos alcanzaron cotas peligrosas. Pasados ya unos años de esos primeros momentos del «todo vale», las cosas están volviendo a ser lo que eran. Tanto, que los rumores de la vuelta del sin par Zahi Hawass resuenan con cierta fuera, o al menos él se empeña en que sea así; pues no olvidemos que esa es su gran especialidad, la promoción y el autobombo, lo de la egiptología científica es otro cantar. No obstante, mientras eso sucede, o no, los robos o los intentos de tal se repiten una y otra vez.

Lo malo es que ya no se limitan a excavar en las orillas de una necrópolis antigua con la esperanza de encontrar una tumba más o menos intacta. Igualmente, cada vez son menos los intentos de colarse en uno de los muchos almacenes del Servicio de Antigüedades, cuyas principales medidas antirrobo son un cerrojo y un gran candado sellado. No, ahora empiezan a recurrir a sistemas cada vez más imaginativos. Si el uso de una retroexcavadora o un bulldozer no son desconocidos en Sakkara para mover grandes cantidades de tierra en poco minutos y ver qué aparece, recientemente la policía ha desmantelado un intento de saqueo que más bien tiene algo de película de aventuras.

La intentona tuvo lugar en la necrópolis menfita, concretamente en la ciudad de Al-Badrashin, a unos 40 km al sur de Guiza, y a los ladrones no se les ocurrió otra cosa que comenzar a excavar un túnel bajo el agua desde la orilla del Nilo en dirección al yacimiento de Houd Zelikha. Quizá lo hicieron con la intención de no tropezarse con los demás equipos de saqueadores que estaban actuando en la zona, porque la investigación preliminar de la policía descubrió los restos de varias excavaciones ilegales en torno y dentro del yacimiento. En tra en lo posible, no cabe duda, que esos agujeros en superficie fueran obra suya y que, al demostrarse infructuosos, se decidieran por otro tipo de aproximación al problema.

La banda, ya detenida, estaba compuesta al menos por un abogado de cuarenta años, un campesino y cuatro ciudadanos palestinos. En su posesión se encontraron taladros autónomos sumergibles, trajes de buceo, botellas de oxígeno y medidores de profundidad. En casa del campesino, listos para su venta, aparecieron algunos fragmentos de caliza, estatuas de pequeño tamaño y la basa de una columna de granito rosa, que parecen proceder de un templo del Reino Medio. Su intención estaba muy clara: como la superficie del yacimiento era terreno vedado al haber otro grupo trabajando en ella, o bien porque se había demostrado infructuosa, se habían decidido por un ataque lateral. Penetrar desde el río les hubiera hecho empezar a varios metros desde la superficie, lo cual los situaba en la profundidad adecuada para alcanzar directamente el estrato rico en hallazgos… o eso esperaban.

Con todo, el intento de robo se me antoja un tanto ingenuo. Por mucho que los palestinos hayan tomado parte en la excavación de la red de túneles de la franja de Gaza y sean avezados cavadores, la logística para mantener abierto un túnel acuático excavado de forma precaria parece abrumadora… y tremendamente peligrosa. No es la primera vez que un excavador ilegal ha perecido aplastado dentro del túnel con el que pretendía alcanzar la riqueza, si quiera temporal. En sus memorias arqueológicas, Agatha Christie describe cómo cuatro de sus trabajadores perdieron la vida justamente así: cavando un túnel lateral a varios metros por debajo de los estratos superficiales para poder saquear lo que esperaban era un depósito de estatuillas… y todo durante la pausa para el almuerzo, mientras el resto de sus compañeros descansaban en la ladera del tell cuya excavación dirigía Max Mallowan, el marido de la novelista. El suceso no sirvió de escarmiento a sus compañeros, que al día siguiente intentaron repetir la hazaña… y en eso siguen.

Chapuzas a domicilio, o cómo destrozar un monumento milenario

4 noviembre 2014

Recuerdo que la primera vez que la vi así me llevé una sorpresa de los más agradable. Era en septiembre del 2009 y el lateral este de la pirámide Escalonada de Sakkara presentaba en su zona media unos andamios de madera de una decena de metros de altura… ¡La estaban restaurando! Con el tiempo y la pérdida de su revestimiento, varias de las piedras de la capa exterior habían desaparecido y la tumba de Djoser parecía desde entonces una tarta a la que un goloso le hubiera estado picoteando la cobertura de chocolate. El resultado, tengo que reconocerlo, era un poco chocante, porque se estaban rellenando los huecos con caliza ultrablanca… Es cierto que actualmente se hacen todos los esfuerzos para que las reintegraciones y el monumento original se diferencien, pero ¿tanto? No obstante, pensando en que la climatología no tardaría mucho en dotarlas de una pátina más oscura que armonizara con el conjunto, aun permaneciendo distinguible, no le presté mucha atención. Más me preocupaba la base interna de la pirámide, justo sobre el pozo donde se halla la cámara funeraria, que desde que fuera vaciado por los saítas estaba al descubierto con gran riesgo de derrumbe. Algo que, por lo visto, el terremoto que sacudió El Cairo en el año 1992 empeoró.

La pirámide de Netjerkhet antes de la restauración

La pirámide de Netjerkhet antes de la restauración

El caso es que un par de años después pude comprobar asombrado que la «restauración» del exterior, por llamarla de algún modo, estaba siendo realizada a la buena de Dios. Una verdadera chapuza. Cómo sería la cosa que un profesor universitario amigo mío me comentó a la vuelta de un viaje por esos lares que, mientras llevaba de visita por la pirámide a un grupo de alumnos, uno de los «capataces» que se encargaba de la obra se acercó a él y le preguntó compungido si sabía cómo hallar las esquinas teóricas del monumento… ¡Increíble, pero cierto! Los egipcios que intentan ganarse la vida con los turistas suelen llamar doktor a todo visitante que parezca saber qué es lo que está viendo, de modo que recurrir a él, que es doctor de verdad, les salvó la papeleta. Eso de prolongar las aristas y ver dónde se cruzan les pareció todo un descubrimiento… Anécdotas chuscas aparte, lo peor es que esos energúmenos sin conocimiento ni supervisión (Hawass mandaba por entonces, no lo olvidemos, en el mundo del Servicio de Antigüedades) estaban, con su trabajo, destrozando una parte importante del patrimonio egipcio.

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La tumba de Djoser —a quienes sus contemporáneos conocían como Netjerkhet, por cierto— no tuvo seis escalones desde un principio. No señor, primero fue una mastaba cuadrada, que luego fue ampliada, que luego fue revestida, sobre la que después se construyeron ampliando su base cuatro escalones, que seguidamente fueron convertidos en seis… los que ahora vemos con la huella medio cubierta de arena y bastante baqueteados por el tiempo, cosa de cuatro milenios y medio más o menos. Dado que todos esos cambios fueron tapándose unos a otros, semejante información hubiera sido imposible de averiguar si la pirámide estuviera intactas. Afortunadamente, cuando en los años veinte del siglo pasado se desenterró la pirámide, los arqueólogos comprobaron que en algún momento de su pasado alguien «peló» la capa exterior de la última etapa de la pirámide por su cara sur, dejando perfectamente a la vista todos esos cambios. Se trata de una perfecta radiografía de la evolución de uno de los principales monumentos arquitectónicos de la historia de la humanos que es, justamente, ¡lo que los «restauradores» a las órdenes de Hawass estaban cubriendo con un montón de esos deslumbrantes sillares de caliza blanca!

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

Habiendo encontrado su estado de reposo natural, no parecía que esa parte de la pirámide estuviera más en riesgo que antes, pero ahí estaban los «restauradores», metiendo piedras cada vez que veían un hueco. Cierto que con la revolución del 2011 los trabajos se paralizaron, pero no lo es menos que ahora, ya con Hawass fuera de la ecuación, la barbaridad ha empezado de nuevo. No es de extrañar que el señor Shurbagy, portavoz de la asociación egipcia Non-stop Robberies (dedicada a la protección de los monumentos egipcios) afirmara hace pocos días en un comunicado que la empresa egipcia encargada de la «restauración» del monumento en realidad esté precipitando la destrucción del mismo, y no sólo por haber añadido ya más de un 5 % de nuevas estructuras al mismo, lo que va en contra de los estándares internacionales de conservación del patrimonio. Es posible que las peculiares técnicas «restauradoras» de la compañía de construcción Al-Shorbagy se deban a que nunca antes habían realizado trabajo alguno arqueológico, como bien comenta Shurbagy; pero esto no es más que un punto de vista sesgado, por supuesto, como se encargaron de demostrar sin paliativos las autoridades competentes, que salieron de inmediato a cubrirse las espaldas, quiero decir a respaldar su política.

La pirámide de Netjerkhet «restaurada»

La pirámide de Netjerkhet «restaurada»

Kamal Wahid, el director del Servicio de Antigüedades para Sakkara y Guiza afirmó rotundo que la compañía encargada de la tarea era más que competente para el trabajo, porque estaba registrada por el gobierno de Egipto como empresa A, exactamente igual que Arab Contractors y Orascom. Y, exactamente igual que ellos —añado yo— será perfecta para colocar ladrillos y cemento, que es exactamente lo que parece estar haciendo en la pirámide escalonada, ¡no para preservar y consolidar un monumento que es patrimonio de la humanidad! Abundando en sus argumentos, Wahid insistió en que se estaba siguiendo un plan trazado por especialistas en el campo y aprobado por la UNESCO y el Ministerio de Antigüedades, y que el trabajo estaba siendo supervisado por consultores del Ministerio, dirigidos por el conocido arquitecto Hassan Fahmy. Supuestamente, además, la restauración estaría siendo revisada por un comité arquitectónico dirigido por Mustafa Al-Ghamrawi y en el cual se cuentan profesores de arquitectura de las Universidades de El Cairo y Ain Shams. Es decir que muchos, muchos arquitectos, muchos técnicos, muchos albañiles, muchos comités, mucho cemente, mucha caliza blanca (esperemos que no sea de Tura); pero ningún historiador, ningún conservador, ningún restaurador, ningún especialista en pirámides, ningún egiptólogo… nadie que conozca de verdad el monumento. Lo dicho, empresa constructora, no de arqueología y restauración.
Esperemos por el bien de la pirámide que la confianza del Wahid sea merecida, pero a la vista de los resultados hasta el momento… mucho me temo que Jean-Philippe Lauer se está revolviendo en su tumba.

Una capilla desconocida de Montuhotep II en Abydos

3 noviembre 2014

El robo de tumbas es un pasatiempo nacional de los habitantes del valle del Nilo desde siempre Como se sabe desde que W. M. F. Petrie encontrara tumbas predinásticas intactas desde hacía cinco mil años… excepto por el pequeño detalle de haber sido saqueadas a los pocos días de la inhumación. Los egipcios saben que viven rodeados de una riqueza enterrada que no beneficia a nadie, más allá de la intangible satisfacción que gracias a ella experimenta el difunto. Con completa lógica —en especial cuando las circunstancias económicas son tan adversas como las actuales—, la búsqueda de los tesoros que les proporcionen algún desahogo económico se vuelve una prioridad.

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Necrópolis de la que fuera capital de Egipto durante las dos primeras dinastías, Abydos nunca perdió relevancia, en especial cuando se identificó la tumba de uno de los faraones tinitas con el mausoleo del dios Osiris. Esto convirtió a la ciudad en un lugar de peregrinación obligada y la llenó de cenotafios. En la actualidad, su monumento más relevante —al menos desde el punto de vista de los turistas— es el grandioso templo de Sety I, ante el cual hay una gran explanada flanqueada a ambos lados por el batiburrillo de casas que forman el poblado moderno. Hace pocas semanas, apareció en una de sus angostas callejas un agujero que llamó la atención de las autoridades egipcias. Y con razón, pues al estudiarlo se dieron cuenta de que era resultado de las excavaciones clandestinas que se estaban realizando en el sótano de una de las casas cercanas. Se había producido un fenómeno de «subsidencia», como lo llaman los geólogos: al sacar tierra en un punto, el hueco hace que el terreno circundante se hunda paulatinamente.

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La gran sorpresa se produjo cuando, al estudiar el agujero, el equipo supervisado por Gamal Abd El Nasser (director del Servicio de Antigüedades en Sohag) comprobó que conducía a una desconocida capilla mahat de Montuhotep II. A más de dos metros bajo tierra y alejada apenas 150 al noreste del templo de Sety, acababa de aparecer el cenotafio del faraón que reunificó el valle del Nilo tras la disgregación política del Primer Período Intermedio. El hallazgo es muy relevante, porque excepto por su templo funerario en Deir el-Bahari y una capilla en Dendera, del resto de sus construcciones sólo se conocen fragmentos.

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Las paredes de la capilla están cubiertas de textos jeroglíficos en relieve de gran calidad, aunque por desgracia afectados por la humedad. La nueva capilla se extiende varios metros por debajo de una casa cercana, dotada en 1935 de una fosa séptica… cuyo contenido ha terminado por filtrarse y afectar a los relieves. De modo que ahora los arqueólogos y restauradores del Servicio de Antigüedades que se encargan del descubrimiento: Ashraf Abd El Aal Okasha, Yasser Abd El Razik y Ayman Damarany se están encargando de desmantelar la fosa séptica, limpiar la capilla y restaurar sus paredes para interrumpir su deterioro.

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El paso siguiente será copiar sus inscripciones con todo detalle, porque no se sabe qué tipo de nueva información histórica podrían proporcionarnos sobre este rey. El objetivo de las capillas mahat es muy claro: dotar a su dueño de un monumento funerario cercano al enterramiento de Osiris; un punto donde pudiera ser recordado para la eternidad y recibir ofrendas.

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Precisamente, uno de los sistemas que tenían los egipcios para presentarse al mundo era hacer un recuento de su logros en un texto autobiográfico dentro de su tumba. De modo que si tenemos la suerte de que eso es lo que Montuhotep II decidió hacer en esta capilla, podemos encontrarnos con algunas agradables sorpresas. Por desgracia, resulta igual de probable que los textos se limiten a innumerables repeticiones de distintas ofrendas de invocación, es decir, la consabida hetep-di-nesu: «Una ofrenda que el dios otorga consistente en mil panes, mil aves…», acompañadas de algunas frases de alabanza a los dioses. No obstante, no perdamos del todo la esperanza, porque tumbas cercanas, como la de Weni, del Reino Antiguo, contienen maravillosas autobiografías que quizá despertaran el instinto imitador de Montuhotep II. Lo que sí va suponer un trabajo delicado van a ser los futuros intentos por desmantelar la capilla, sin destruirla y evitando que las casas de alrededor se derrumben encima…

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De nuevo en la Feria del Libro

13 junio 2014

Este último domingo de Feria del Libro, día 15 de junio, volveré a estar firmando ejemplares en la caseta 31 de “Distriforma”, a partir de las doce de la mañana y hasta las tres de la tarde. ¡Os espero!

Cambio de horario para la Feria del Libro

8 junio 2014

¡Mil perdones, pero por causas ajenas a mi voluntad, el domingo día 8 al final firmaré por la tarde, de 18.00 a 21.00 en la misma caseta, la 31 de “Distriforma”

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