Más sobre los saqueos de Dashur

2 mayo 2013

Si hace unas semanas hablaba de los saqueos de Dashur y de lo poco concienciados que están los egipcios con respecto a su patrimonio (la verdad, no es algo que se les pueda reprochar, en muchos casos lo único que intentan es alimentar a sus familias), hoy voy a hacerlo de la respuesta a los mismos. Sin duda no es gran cosa, pero como pequeño acto simbólico es significativo. El lunes 30 de abril un grupo que alcanzó el centenar de personas, entre habitantes de los poblados cercanos y arqueólogos egipcios que intentan proteger su valioso patrimonio, se reunieron junto a las pirámides de Dashur para hacer ver al mundo que en su país hay gente concienciada con respecto al saqueo.

Manifestantes en Dashur en contra del saqueo del yacimiento arqueológico

“Nuestra herencia es nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, protejamosla con amor y respeto”

Monica Hanna, una arqueóloga egipcia que trabajó en la zona y lleva denunciando el saqueo desde que este diera comienzo, comentó a los periodistas allí reunidos que:

«Los saqueadores están trabajando en torno a la Pirámide Negra [Amenemhat III (Reino Medio)] y la Pirámide Romboidal [Esnefru (Reino Antiguo)] todos los días y todas las noches. Cuando llega la noche incluso utilizan bulldozers. Excavan zonas tan amplias que en las imágenes por satélite se puede ver claramente dónde están trabajando. En las pirámides hay un par de guardias, pero los sobrepasan en número. Tiene pistolas de 9mm, los saqueadores ametralladoras.

Uno de los tractores que, según Monica Hanna, por la noche se pone al servicio de los saqueadores en Dashur

»Las gentes del poblado han construido un nuevo cementerio cerca de la Pirámide Romboidal. Algunos lo están haciendo de verdad para enterrar a sus familiares, porque el viejo cementerio está lleno, pero también he visto a saqueadores trabajando allí.

»En torno a estas pirámides nunca se ha realizado una excavación científica propiamente dicha, básicamente es territorio virgen. El terreno está repleto de objetos del Reino Medio. Durante años ha habido saqueos a pequeña escala; pero desde la revolución se ha convertido en algo a gran escala. Mucha gente ha perdido su trabajo y sueñan con volverse ricos de golpe desenterrando un tesoro, y con el vacío de seguridad que existe ahora mismo en Egipto los saqueadores tienen la tranquilidad de que no los van a coger.

»De mis conversaciones con la gente del poblado he sacado en claro que los saqueadores —que son tanto locales como venidos de otras ciudades— ya han encontrado bastantes tumbas pozo, estatuas y amuletos. Los venden a grupos mafiosos más grandes, que luego los sacan de contrabando del país.

»El problema no es único de Dashur. El saqueo de los yacimientos arqueológicos se ha convertido en endémico en todo Egipto. Los arqueólogos y los residentes concienciados están haciendo todo lo que pueden para presionar al gobierno y que haga algo. Personalmente, creo que más allá de incrementar la seguridad, crear más museos pequeños ayudaría mucho a llevar a algunos turistas a los poblados que no se encuentran en el mapa turístico.

El cementerio ilegal de Dashur

Por su parte, Ahmed Ezzat, que vive en el poblado de Dashur y ayudó a organizar la manifestación, comenta que: «He hablado con saqueadores en los cafés de la zona. No esconden lo que están haciendo. Algunos me dicen que han encontrado estatuas de basalto. Un hombre me dijo que tras excavar durante dos meses sin encontrar nada lo ha dejado. Lo que es indudable es que ninguno comprende el verdadero valor de esos objetos. Ni siquiera saben a qué dinastía pertenecen. No son personas con estudios. No ven las pirámides como parte de su herencia como egipcios, las ven como propiedad del gobierno y, como se sienten abandonados por el gobierno actual, creen que lo que hacen está completamente justificado».

Y, básicamente, ese es el problema. Los egipcios saben desde siempre que las tumbas contienen riqueza, de modo que en época de crisis como la actual, sintiéndose abandonados por un gobierno que no puede y no quiere educarlos para que comprendan el valor de su patrimonio, se lanzan a buscarla. No es una situación nueva. Los saqueos de tumbas son en Egipto un trabajo a tiempo parcial que lleva realizándose más de cinco mil años. Un detalle descubierto por W. M. F. Petrie, a finales del siglo XIX, cuando se encontró con que bastantes de las tumbas predinásticas que estaba excavando habían sido saqueadas y desprovistas de su ajuar funerario apenas unas horas o días de haberse enterrado el cuerpo que contenían. ¿Cómo lo supo?, pues porque las tumbas saqueadas estaban intactan y con estratos de cinco mil años de antigüedad cubriéndolas, pero justo en el lugar donde se habría encontrado el ajuar alguien hizo un agujero y se lo llevó sin destruir nada más.

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Asesinato por la espalda

16 abril 2013

De entre los centenares, ¡miles!, de objetos icónicos de las diferentes civilizaciones del mundo antiguo que se guardan en el Museo Británico hay uno que los visitantes suelen encontrar irresistible. Se trata de «Ginger», una momia del período predinástico conocida oficialmente como «Gebelein man». Lleva expuesta del mismo modo más de cien años, en un montaje que imita las condiciones originales de un enterramiento de la época, situada dentro de un hoyo de cartón piedra y rodeada de diferentes cerámicas del período. Desde que fue presentada al público hace ya un siglo no había  salido de su tumba artificial.

Ginger tal cual la podemos ver en su vitrina del Museo Británico

Ginger tal cual la podemos ver en su vitrina del Museo Británico

Se trata de una momia de lo más interesante, pues nos muestra una momificación natural y no artificial. En épocas posteriores, los órganos internos (pulmones, intestinos, hígado y estómago) eran sacados del cuerpo, momificados y guardados en los vasos canopos; mientras que el cerebro era convertido en una pasta mediante un gancho metido por la nariz y luego vaciado. Seguidamente el cuerpo era enterrado en natrón y, después de 60 días, limpiado, ungido, vendado y transformado en una momia artificial que luego era conducida a su tumba. En el caso de Ginger, como sucedía con todos los muertos de ese período, la momificación es completamente natural, resultado de enterrar el cuerpo en la seca arena del desierto, que absorbía todos los líquidos de la descomposición. De este modo el cuerpo no se pudría, pues quedaba desecado por completo y transformado en una momia perfecta.

Dentro de su política de constante estudio de los objetos que se guardan en el museo, los responsables de esta parte de la colección decidieron hace unos meses someter la momia a una autopsia virtual. La mesa de operaciones fue un escáner del Cromwell Hospital londinense, donde le realizaron una Tomografía Axial Computerizada (TAC) de tan sólo 30 segundos. Corta, pero más que suficiente para conseguir una completa información del cadáver.

Ginger siendo introducido en el escáner TAC del Cromwell Hospital

Ginger siendo introducido en el escáner TAC del Cromwell Hospital

Los resultados preliminares, pues aún falta por publicarse el estudio definitivo, han sido espectaculares. Lo principal ha sido comprobar que el bueno de Ginger, porque se trata de un varón joven de entre 18 y 21 años de edad, en perfecta forma física y muy musculado, murió ¡asesinado por la espalda!

El homóplato bajo el cual penetró el cuchillo que acabó con la vida de Ginger hace cinco mil años

El homóplato bajo el cual penetró el cuchillo que acabó con la vida de Ginger hace cinco mil años

Médicos y egiptólogos se quedaron muy sorprendidos; pero viendo las imágenes era innegable: una hoja de 12,5 cm de longitud y 1,75 cm de anchura penetró en la espalda de Ginger justo por debajo del homóplato izquierdo. El puñal, seguramente de piedra, aunque cabe la posibilidad de que fuera de cobre, fue clavado con tanta fuerza que rompió una costilla, incrustando esquirlas de hueso en los músculos circundantes, perforando el pulmón izquierdo y los vasos sanguíneos circundantes. No hay ni el más mínimo indicio de que la herida comenzara a curarse, lo que unido a la brutalidad de la herida sólo puede significar que Ginger murió al ser apuñalado por la espalda. Y es que los egipcios, pese a esa imagen que tienen de civilización idílica y bucólica, también fueron propensos a usar la violencia siempre que les pareciera la solución adecuada.

Los tejidos blandos de Giger tal cual se pueden ver en el TAC realizado en el Cromwell Hospital

Los tejidos blandos de Giger tal cual se pueden ver en el TAC realizado en el Cromwell Hospital

Lo mejor es que toda esta información va a estar disponible durante varios meses para los muchos visitantes del museo en forma de una pantalla gigante interactiva. Situada junto a Ginger, permitirá a los curiosos comprobar cómo funcionan las autopsias no invasivas y disfrutar de las últimas novedades tecnológicas al servicio del conocimiento histórico.

En este enlace del Museo Británico encontraréis un video sobre todo el proceso.

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Lo último que he publicado

2 abril 2013

Lo último que he publicado. En un libro colectivo dedicado a “misterios” y “enigmas”, donde participan los principales autores españoles sobre la cuestión, un capítulito dedicado a desenmascarar alguna de las leyendas urbanas que corren por ahí sobre la Gran Pirámide y que mucha gente se cree como si fueran dogma de fe. Por cierto, que unas páginas más allá disfruto de la excelente compañía del capítulo de Juan Antonio Belmonte, en el que hace lo propio con todas las paparruchas que se dijeron en su momento sobre el calendario Maya y el supuesto fin del mundo.

En este enlace a la página web de Ediciones Cydonia se puede consultar el índice del libro y adquirirlo sin gastos de envío si os gusta.

Una nueva pirámide descubierta en Luxor

25 marzo 2013

En egiptología, a veces sucede que se conoce a un personaje de renombre porque aparece mencionado en documentos diversos, pero no se conoce lo que para el antiguo Egipto era su monumento más destacado, su tumba. Es el caso de Khay, un destacado personaje de la XIX dinastía de quien sabemos que llegó a convertirse en uno de los visires de Ramsés II para Tebas, nada menos, y después en gran sacerdote de Ptah. Mientras ejercía de visir fue el encargado de anunciar junto al príncipe heredero por entonces, Khaemwaset, las cinco primeras fiestas Sed de su soberano y, muerto el príncipe, hizo lo propio con la sexta. Sus labores políticas explican que aparezca mencionado en informes económicos (como uno del tesorero jefe Suty) y en la correspondencia administrativa de la época (los obreros de Deir al-Medina le escribieron para recordarle amablemente que estaban recibiendo sus sueldos con retraso y él les respondió). Además de por varias estatuas en el Museo de El Cairo, su importancia queda reflejada por su aparición en el santuario de Ramsés II en las canteras de arenisca de Gebel al-Silsila, junto con otros grandes personajes de la época. Esto es todo lo que se sabía de él hasta hace unas semanas, cuando el Servicio de Antigüedades Egipcias anunció que se había encontrado su pirámide.

Vista general de la pirámide del visir Khay, en un extremo del patio de Amenhotep

Pero ¿cómo es posible que alguien, por más que fuera un noble, se enterrara bajo una pirámide? La explicación es muy sencilla. Tras el Segundo Período Intermedio, los soberanos egipcios se dieron cuenta de que, en cuanto el Estado central desaparecía, las grandiosas pirámides construidas durante el Reino Antiguo y el Reino Medio para enterrarlos se convertían en imanes de ladrones y saqueadores. Para evitar el problema en lo posible, con la llegada del Reino Nuevo decidieron prescindir de un elemento tan conspicuo y llamativo como la pirámide, además de separar el lugar de enterramiento del templo donde se celebraba su culto funerario. De este modo pensaban que sus momias estarían más protegidas. Para sus hipogeos eligieron el Valle de los Reyes y para sus templos «de millones de años» la linde del desierto cercano. Como cabía esperarse, los altos funcionarios se apresuraron a aprovecharse de esta «renuncia» a las pirámides por parte de los reyes para incorporarlas a sus tumbas en forma de pequeñas estructuras de adobes. Pirámides que estaban coronadas por un pequeño piramidón de piedra, decorado con escenas divinas y el nombre y titulatura del difunto. La pirámide reconstruida en el cementerio del poblado de Deir al-Medina nos muestra el aspecto que pudo haber tenido la tumba de Khay cuando estuvo terminada.

Pirámide de adobes reconstruida en el cementerio oeste de Deir al-Medina

No obstante, no es del todo cierto que los faraones prescindieran de la forma pirámidal para cubrir sus tumba; pues las tumbas del Valle de los Reyes están excavadas al pie de Al-Qurn, una de las principales cumbres de la cadena tebana cuya característica más destacada es que ¡tiene forma natural de pirámide! Y es que a los egipcios no les gustaba deshacerse de nada que hubiera demostrado tener utilidad ideológica…

La cima de Al-Qurn, una pirámide natural que protege las tumbas de los faraones del Reino Nuevo, enterrados en el Valle de los Reyes, situado justo a sus pies

Los egiptólogos belgas Laurent Bavay (izq. Universidad Libre de Bruselas) y Dimitri Laboury (der. Universidad de Lieja), codirectores de la Mission Archéologique à la Nécropole Thébaine (MANT)

Pero, volviendo a la pirámide de Khay, hay que decir que sus descubridores han sido los egiptólogos belgas del equipo conjunto de la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Lieja. La Misión Arqueológica en la Necrópolis Tebana (MANT) —comenzada por el difunto Roland Tefnin y hoy codirigida por Laurent Bavay (ULB) y Dimitri Laboury (UL)— excava, documenta y restaura dos importantes tumbas tebanas, pertenecientes al visir Sennefer (TT 96) y al visir Amenemope (TT 29).

Vista desde un globo de la necrópolis de Sheikh abd al-Qurna, donde aparecen marcadas las tumbas que excava la MANT

Se trata de un equipo que hace muy bien las cosas y, además de la restauración de las pinturas de las diversas tumbas en las que se encuentran trabajando (situadas unas junto a otras en el mismo punto de la necrópolis tebana), en su afán por conseguir la mayor información posible de su concesión han prestado un gran interés a limpieza de los patios de los hipogeos de cuyo estudio se ocupan.

La tumba de Amenhotep colmatada hasta el techo (foto Anja Stoll)

Fruto de sus esfuerzos, en el año 2009 ya dieron una alegría al mundo egiptológico, porque fue entonces cuando hallaron la tumba de Amenhotep, «ayudante del portador de los sellos» de Tutmosis III. No se trataba de un monumento desconocido, porque la tumba había sido descubierta en 1880 por el egiptólogo sueco Karl Piehl; pero como a los pocos años quedo oculta de nuevo por la arena, se hallaba perdida desde entonces. Por desgracia, eso ocurrió después de que fuera visitada en numerosas ocasiones por ladrones y saqueadores, que arrancaron toda la decoración de sus paredes. Actualmente, sólo los brillantes colores del techo están bien conservados.

Las paredes saqueadas y el techo decorado de la tumba de Amenhotep

Este año del 2013 la aportación del equipo belga ha sido igual de espectacular, pues los trabajos en el patio les han permitido añadir un nuevo hipogeo al amplio inventario de tumbas tebanas, el del visir Khay. En realidad no se trata de su tumba propiamente dicha, por ahora es «sólo» la pirámide de adobes que la coronaba. El monumento, que tiene doce metros de base y una altura teórica de quince metros, ha sido identificado gracias a los fragmentos del piramidon que lo coronaba.

El piramidón de Khay, que ha permitido identificar su pirámide de adobes

Habrá que esperar a sucesivas campañas para localizar la entrada a la tumba que se encuentra debajo (cubierta por una casa moderna) y penetrar en ella con la esperanza de que su decoración, en especial sus textos autobiográficos, se encuentren en buen estado y nos proporcionen nuevos datos sobre este hombre que fue visir de Egipto durante una quincena de años. Allez les belges!

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P.D. Una conferencia de Laurent Bavay en la Universidad de Lille 3  sobre todos estos descubrimientos y otros más realizados por la misión belga. Más de una hora, en francés y sin subtítulos.

Dashur en peligro

15 marzo 2013

Las noticias que llegan desde Dashur son bastante descorazonadoras. Esta necrópolis, que alberga dos grandes pirámides del Reino Antiguo, tres del Reino Medio y un número aún por definir de pequeñas pirámides de la XIII dinastía, está en grave peligro.

Las gentes de los poblados cercanos llevan años quejándose a las autoridades de que sus cementerios están llenos y de que necesitan un lugar donde enterrar a sus muertos con la dignidad que merecen. Todas y cada una de sus peticiones han sido desoídas, de modo que aprovechando la coyuntura decidieron actuar.

Como demuestran las declaraciones de Mohammed Abdel-Qader, un vecino del lugar, desconocen la riqueza arqueológica de la necrópolis: «Enterrar a nuestros muertos es de la mayor importancia para nosotros. La tierra aquí es amplia y plana, es un valle. ¿Dónde están las antigüedades de las que hablan? [...] Aquí no tenemos antigüedades». En realidad, la arqueología no les preocupa nada, excepto por los tesoros que pueda proporcionarles. Las palabas de otro vecino, Ehab Eddin el-Haddad, son muy claras al respecto: «¿Dónde está el oro que sale de esta tierra? Todo sale de contrabando. No voy a esperar a que una extranjera medio desnuda venga y se lleve lo que encuentre en los cementerio. ¿Qué ganamos nosotros con ello? [...] Quiero un lugar donde ser enterrado».

Así que, aprovechando el vacío de poder y la falta de recursos del Servicio de Antigüedades, ni cortos ni perezosos un día se salieron de los límites de su cementerio y construyeron sus tumbas en zona arqueológicamente protegida. La verdad es que todo empezó de forma discreta: alguien construyó una tumba por fuera del abarrotado cementerio existente sin que las autoridades reaccionara; la noticia no tardó en trascender y, al poco, eran cientos las nuevas tumbas que se construían… Hasta que un egiptólogo dio la voz de alarma, la noticia saltó a los periódicos y las autoridades se vieron obligadas a intervenir, consiguiendo detener la metástasis apenas a 150 metros del recientemente descubierto templo bajo de la pirámide Romboidal.

Los restos del templo bajo de la pirámide Romboidal de Dashur. Descubierto recientemente por el Instituto Arqueológico Alemán

Pero esto no detuvo las nuevas construcciones, porque un día de principios de enero pasado los guardias de Dashur se despertaron con el ruido de los tubos de escape de las excavadoras y de los disparos de fusil. Hay que decir en su descargo que los guardias intervinieron e intentaron parar el desastre; pero la falta de efectivos, de armas y la negativa de la policía y del cercano destacamento del ejército (acuartelado a menos de un kilómetro) a intervenir impidió que lograran su propósito. Al final del día había más de treinta tumbas nuevas prácticamente a los pies de la pirámide de Amenemhat III y uno de los guardianes estaba en el hospital con una pierna rota a la espera de ser intervenido quirúrgicamente.

La construcción del cementerio ilegal en terreno arqueológico protegido en las cercanías de la pirámide de Amenemhat III

Lo malo es que, con ser grave, la cuestión de los enterramientos nuevos es casi secundaria. El principal problema es que con la excusa de las nuevas tumbas los saqueadores profesionales ya están haciendo de las suyas. Los vecinos saben que por la noche vienen grupos a excavar protegidos por la oscuridad y la incapacidad de los vigilantes, que han sido repelidos a tiros y heridos cuando se han acercado a investigar. Al día siguiente se construye una tumba encima y nadie se da cuenta del desaguisado… En realidad, la negativa de los vecinos a trasladarse a un terreno cercano e igual pero fuera de la zona arqueológica resulta bastante sospechosa e indica qué, o quién, además de su legítima necesidad de un nuevo cementerio, puede haber detrás del repentino afán constructor. Como vemos, el problema de las autoridades no es baladí. Una urgente cuestión a tratar en un país sumergido por completo en una crisis económica y política de la que no es sencillo que salga en los próximos años.

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Dos colosos rescatados

21 febrero 2013

A finales de enero del 2011, cuando la revolución egipcia había interrumpido nuestras comunicaciones con El Cairo y estábamos a pocos días de interrumpir las dos semanas de campaña que nos quedaban, nos despertamos con una visión sorprendente. El Hotel Marsam, donde mora el equipo del Proyecto Djehuty en Egipto, se encuentra prácticamente detrás del extremo occidental de los restos del templo funerario de Amenhotep III, cuya entrada señalan los Colosos de Memnón. Pues bien, esa mañana vimos sorprendidos cómo un equipo egipcio se había puesto a «excavar» (más bien parecía cavar) en lo que pensábamos era un terreno cuyos derechos pertenecía al proyecto científico dirigido por Hurig Sourozian y Rainer Stadelmann. La verdad es que nuestra sorpresa fue mayúscula, y nuestros comentarios al respecto de Hawass y su modo taimado de hacer las cosas bastante coloridos. ¡No entendíamos nada! Como desde entonces no he vuelto por ahí, la cosa se me había borrado por completo de la cabeza, hasta hace unos días, cuando leí un comentario del Luxor Times y todo me quedó claro.

Los restos de los colosos siendo excavados

El alargado y gigantesco templo de Amenhotep III terminaba con un pequeño giro hacia el norte, que le daba una planta en forma de L. Al igual que sucedía con su entrada oriental, la entrada occidental estaba protegida/decorada por dos estatuas colosales del faraón, primas hermanas de los Colosos de Memnón, solo que mirando hacia el norte. Estos colosos fueron derribados en la Antigüedad por un terremoto y, con el tiempo, los terrenos donde se encontraban pasaron a manos particulares, al contrario que el resto de los terrenos donde estuvo el templo de Amenhotep III pertenen al Estado egipcio, por lo que su excavación pudo encargarse a egiptólogos cualificados.

La grúa se dispone a subir uno de los bloques de los colosos

La existencia de los colosos septentrionales (hacia donde estaban orientados) se conocía desde antiguo, pues fueron estudiados por los sabios de Napoleón a finales del siglo XVIII, por Champollion en 1828, por Wilkinson en 1835, por Borchardt en 1833 y por Habachi en 1981. Se trata de los restos de dos estatuas de 13 m de altura talladas en cuarcita. Representan al faraón de pie, tocado con la corona blanca, vestido con faldellín plisado y un gran cinturón. Se calcula que su peso original era de unas 90 t cada una, aunque ahora el pedazo más grande de los fragmentos pesa «sólo» 35 t. Tras el intento fallido realizado con lo que pensábamos fue nocturnidad y alevosía por Hawass hace un par de años, por fin el Comité Permanente del Servicio de Antigüedades ha permitido este año que Souruzian y su equipo realizaran el salvamento de las estatuas.

El pedestal original de uno de los colosos

Como, debido a la acumulación de arena y barro, los restos de los colosos se encuentran 2,5 m por encima del nivel original del terreno, ha sido necesario subirlos en grandes camiones para trasladarlos al yacimiento alemán. Allí han sido colocados sobre una base adecuada que permitirá a los conservadores estabilizar el deterioro de la piedra (han sido siglos de soportar enterrados crecida tras crecida del Nilo) y limpiarla. El objetivo, por supuesto, es reconstruirlos, para luego colocarlos en su emplazamiento original y así ir devolviéndole parte de su perdido esplendor a este maravilloso templo funerario.

Los pies de uno de los colosos siendo colocados sobre el camión que realizó su traslado

La principal característica del mismo era el elevado número de estatuas de dioses que lo decoraban, centenares de ellas, entre las cuales muchas de la diosa leona Sekhmet, que continúan apareciendo en el yacimiento. Siglos de expolio han terminado por desperdigar estas estatuas, pero hay una que ha conseguido gran fama y numerosos visitantes, que no saben lo que están viendo. Se trata del famoso escarabajo de piedra situado junto al lago sagrado del templo de Karnak, al cual los turistas crédulos dan siete vueltas animados por sus guías, que no saben lo que dicen. No es un escarabajo de la suerte, como tampoco lo son las preciosas joyas que uno puede comprar con su forma, sino una imagen del dios Khepri: la manifestación del dios sol al amanecer, antes de convertirse en Ra al mediodía y luego en Atum al atardecer.

Los pies siendo colocados sobre la base impermeable cubierta de arena donde serán restaurados y consolidados. Quien señala con el brazo a la derecha es Miguel López, el conservador español encargado de los grandes pesos en el proyecto dirigido por Souruzian

P.D. Este es el enlace de la noticia original, donde hay muchas más fotografías y un largo video del traslado.

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Un nuevo techo astronómico en la necrópolis tebana

7 febrero 2013

A pesar de lo que generalmente se cree, los egipcios no poseían unos desmesurados conocimientos astronómicos. Los sacerdotes sólo estaba interesados en calcular con cierta precisión el paso de las horas y los días, algo básico para sus festividades, sus ceremonias y para saber aproximadamente la fecha en la cual llegaría la crecida. Esto significa que sólo conocían los cuerpos celestes más importantes del sistema solar visibles a simple vista, los cuales sabían diferenciar perfectamente de las estrellas fijas. En realidad, la sabiduría astronómica egipcia sólo alcanzaba para un uso práctico. Algo que, no obstante, les permitió crear el calendario de 365 días que todavía utilizamos.

Como se han perdido los posibles papiros que pudieran haber escrito los egipcios sobre la cuestión, nuestros conocimientos sobre la astronomía faraónica proceden, sobre todo, de los llamados «techos astronómicos». Estas escenas, presentes en unas pocas tumbas y templos, son representaciones de los cielos donde aparecen las estrellas y planetas conocidos y utilizados por los astrónomos egipcios. No existen muchos de estos techos astronómicos —el más famoso es el de la tumba de Senenmut, de la xviii dinastía—, de modo que cualquier nuevo descubrimiento supone toda una alegría para los especialistas.

La última incorporación a este limitado corpus astronómico ha sido el techo de la tumba del sacerdote nubio Karakhamón (TT 223), situada en la necrópolis de Asasif (en la orilla occidental de Luxor, frente al templo de Hatshepsut). Un personaje que vivió en Luxor en torno al año 710 a. C., cuando Egipto estaba gobernado por los faraones nubios de la xxv dinastía.

Aculturados por milenios de presencia egipcia en sus territorios, los gobernantes del reino nubio de Kush se consideraban más faraones que los faraones. Por eso, cuando vieron la tremenda inestabilidad que reinaba en el valle del Nilo durante la xxiv dinastía, decidieron conquistar Egipto para devolverle el esplendor perdido. Una vez logrado su objetivo, impulsaron un retorno a los textos y tradiciones ancestrales, buscando en la tradición un medio de legitimarse. En el caso de la necrópolis tebana, esto se puso de manifiesto en la construcción de grandiosas tumbas subterráneas semejantes a templos —algunas contaban con salas hipóstilas— y decoradas con escenas funerarias dejadas de utilizar hacía 150 años. Una de las primeras tumbas de este tipo fue la de Karakhamón, convertida en modelo para otras posteriores.

El techo azul con estrellas amarillas y representaciones de las constelaciones de la tumba de Karakhamón

El techo astronómico de Karakhamón fue descubierto en agosto del 2010 por los miembros del «Proyecto de conservación del Asasif sur», dirigido por la egiptóloga Elena Pishikova. Y de la ardua tarea de recomponerlo se encarga Miguel Ángel Molinero, profesor de la Universidad de La Laguna. Una labor en la que ha contado con ayuda del epigrafista Daniel Méndez y la arqueóloga Soraya Luján, acompañados por los restauradores del Servicio de Antigüedades Egipcias. La tardanza en presentar el descubrimiento al público se explica porque el techo apareció caído en el suelo de la tumba roto en unos 6000 fragmentos, entre los cuales había también restos de la decoración de las paredes de la cámara.
El trabajo de restauración comenzó ya in situ, de tal modo que mientras se iba desescombrando la cámara, Molinero y su equipo se encargaban de recuperar los fragmentos e ir agrupándolos según su temática. Por un lado los decanos —un grupo de 36 estrellas o asterismos que aparecen consecutivamente en el firmamento nocturno a lo largo del año—, por otro las constelaciones y más allá el cuerpo de la diosa Nut. Todo ello al tiempo que separaban los pedazos correspondientes a la decoración de las paredes, donde se podía ver la escena del pesaje del corazón ante Osiris en el otro mundo.

Restos de la cola del animal que representa a una de las constelaciones del techo astronómico de Karakhamón

El esfuerzo dio sus frutos y los egiptólogos españoles no tardaron en comprobar que se encontraban ante un techo astronómico que representaba el cielo nocturno septentrional y el meridional separados por la diosa Nut, cuyo alargado cuerpo representaba la Vía Láctea y hacía de eje central de la composición. De todo este rompecabezas, cuyos primeros resultados serán publicados esta primavera por la Universidad Americana de El Cairo, ya se han colocado en su sitio los primeros quinientos fragmentos. Son los más grandes, y servirán de puntos de referencia para ir situando los demás. Como dice Miguel ángel Molinero: «Lo que más impresiona es el azul tan intenso del cielo y los nombres de las estrellas en amarillo, de manera que los signos de la escritura representan a la propia estrella, como Sirio-Sopdet y las que componen la constelación de Orión, y los planetas». Un nuevo e importante descubrimiento que viene a sumarse a nuestro conocimiento de la astronomía egipcia.

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Una nueva tumba en Abusir

30 enero 2013

Como ya comenté hace tiempo, Egipto sigue siendo campo fructífero para los arqueólogos y no sólo por las cosas por descubrir, sino también por las que hay que redescubrir. Tumbas encontradas cuando la egiptología se estaba convirtiendo en ciencia y que luego las mismas condiciones que las enterraron por primera vez han terminado por hacerlo una segunda vez. Desde restos de pirámides hasta mastabas, todo puede quedar enterrado en breves años. Sin embargo, los nuevos descubrimientos siguen produciéndose con una cierta regularidad, y uno de los campos más fructíferos para ello es la necrópolis real de Abusir, donde se enterraron en sus pirámides muchos de los soberanos de la V dinastía.

Vista del patio de Sheretnebti desde el este

En noviembre del 2012, el equipo del Instituto de Egiptología Checo, de la Universidad Carlos de Praga, dirigido por Miroslav Barta, descubrió la antecámara de la tumba de la princesa Sheretnebti en Abusir Sur. Se trata de un patio situado en una hondonada natural de cuatro metros de profundidad. La pared sur está excavada directamente en la roca y las otras tres construidas con bloques de caliza. El acceso se realizaba por una escalera de caliza que recorre la pared oriental de norte a sur. Una vez en el fondo el visitante se encontraba en lo que entonces era una estancia y hoy es un patio, porque en el centro hay cuatro pilares de piedra que sostenían arquitrabes y una cubierta. La cara meridional de cada uno de estos soportes contiene una inscripción que reza: «Hija del rey de su cuerpo, su amada, reverenciada ante el Gran Dios, Sheretnebti». Hay que tener cuidado con el título de esta princesa, porque en el comunicado oficial de prensa en inglés del Servicio de Antigüedades donde se daba cuenta del descubrimiento se menciona a la princesa como «hija del rey Men Salbo», un faraón que no existe y cuya aparición se debe sólo a un error de traducción. La frase egipcia: «de su cuerpo» se traduce en árabe moderno como: «min sulbuh», lo que llevó al error al encargado de traducir el comunicado original en árabe que lo convirtió en Men Salbo.

Las cuatro columnas del patio de la tumba de Sheretnebti

Detalle de la inscripción de las columnas del patio de Sheretnebti

Sea como fuere, justo al final de la escalera de acceso al patio, en la esquina sureste del mismo, nace un corredor en dirección a levante que continúa la cara sur del patio. En esta larga pared meridional se abre la entrada a cuatro tumbas excavadas en la roca. Las dos que se encuentran en el patio han sido exploradas y pertenecen al «jefe de justicia de la Gran Casa, Shepespuptah» y al «inspector de los miembros del séquito de palacio, Duaptah», ambos del reinado de Djedkare Izezi. De las dos tumbas del corredor (aún por explorar), en la más próxima al patio fue enterrado un funcionario llamado Ity, mientras que la situada más al este perteneció a Nefer, que era «supervisor de los escribas». Su interior contiene una falta puerta in situ y un serdab con cuatro estatuas del dueño en caliza, una de las cuales lo representa ejerciendo su oficio de escriba. Dentro de la tumba de Ity, un túnel saqueado en tiempos contenía restos de nueve estatuas, dos de ellas de madera. Sólo tres de las estatuas se encontraron intactas, las otras seis aparecieron partidas en dos. De todas ellas, algunas de las cuales estaban en su emplazamiento original, sólo una estaba inscrita con el nombre de Ity.

Tres de las estatuas de Nefer

El escriba Nefer

La tumba de Nefer

Estela falsa-puerta de Nefer

En el corredor, a cada lado de la entrada a las tumbas hay una estatua-nicho (un bloque tallado con forma de puerta en cuyo vano se puede ver una o varias figuras humanas no exentas). Se trata de la estatua de un hombre, de la de un hombre y su hijo y de la de dos hombres con una mujer. La esculturas son de excelente calidad y presentan restos de policromía.

Una de las estatuas-nicho siendo restaurada

Estatua-nicho con dos hombres y una mujer

Estatua-nicho de un hombre y su hijo

Dado que alrededor del patio se construyeron en terreno más elevado otras tumbas, no es extraño que esta quedara oculta. Lo llamativo es que la tumba de una princesa fuera construida en la zona sur del cementerio, entre las de los funcionarios de la corte; pues las tumbas del resto de la familia real se encuentra en la zona norte de la necrópolis, casi dos kilómetros más al norte. Tanto la estratigrafía, como la ubicación y la caligrafía sugieren una fecha de mediados de la V dinastía.

[Por cierto, que si os apetece leer algo sobre las momias halladas en las pirámides podéis hacerlo en mi último artículo, publicado en el homenaje al profesor Federico Lara, en la revista Espacio, tiempo y forma. Historia Antigua de la UNED, en este enlace os podéis bajar el pdf.]

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Un museo genial, el egipcio de Turín

22 enero 2013

La semana pasada tuve el placer de pasarme un par de días en el Museo Egipcio de Turín estudiando una de las muchas piezas maravillosas que en él se conservan: el papiro erótico, para una estupenda edición del mismo que está preparando la editorial Bibliogemma. El museo está en pleno proceso de remodelación y una parte se encuentra cerrada al visitante, pero aún así es posible disfrutar de todas las grandes piezas que uno va buscando: el canon de Turín, el lino de Gebelein, el ajuar de la tumba de Kha, el templo de Elesiya, el plano de la tumba de Ramsés IV, el plano de las minas de oro del Wadi Hammamat, una momia intacta y anónima del Reino Antiguo, la estatua sedente de Ramsés II… Y me paro aquí, porque esta institución conserva cerca de treinta mil objetos egipcios de todo tipo, desde la prehistoria hasta la época romana.

La colección del Museo Egipcio de Turín es una de las más antiguas y completas del mundo y comenzó a formarse cuando Carlos Manuel I, rey de Saboya, compró en 1630 una pieza egiptizada de época romana, la Mensa Isiaca. Sucesivos reyes del Piamonte fueron incorporando piezas a la colección regia, pero fue en 1824 cuando el rey Carlos Félix fundó el Regio Museo delle Antichità Egizie al darle entidad legal e incorporarle los 5268 objetos de una de las colecciones reunidas en Egipto por Bernardino Drovetti.

Drovetti había acompañado a Napoleón a Egipto y, tras la derrota de las fuerzas francesas, permaneció en el valle del Nilo como cónsul francés. Su amistad con el virrey egipcio le permitió conseguir permisos para excavar y exportar todas las antigüedades egipcias que hallaba… en dura competencia con Henry Salt, el cónsul inglés, que también dispuso de permisos semejantes y un afán igual de grande por reunir colección tras colección de maravillas faraónicas. Fueron su rivalidad y ansia acaparadora las que terminaron formando la base del Museo Británico, el Louvre y el de Turín. Lástima que por entonces no hubiera un español con dinero y contactos para hacerse con alguna de ellas cuando se pusieron a la venta. Claro, que reinando Fernando VII no estaban las cosas en España como para gastarse los cuartos en cultura…

El segundo gran añadido a los fondos del museo se produjo a principios del siglo XX, cuando Ernesto Schiaparelli (quien excavara la tumba de Nefertari) se convirtió en su director y cobijó en él las piezas que le correspondían del reparto con el gobierno egipcio. ¡Hasta un total de 17 000 objetos! De todos ellos, sin duda, los más extraordinarios son los que forman el ajuar de la tumba del arquitecto Kha (XVIII dinastía), encontrada intacta en el cementerio de Deir al-Medina en 1906.

Que se permitiera a Shiaparelli quedarse con todo el ajuar tiene una explicación. Sólo un año antes (en 1905), el norteamericano Theodore Davis había descubierto la también intacta tumba de Yuya y Tuya. Legalmente tenía derecho a la mitad de los objetos encontrados, pero en un gesto digno de admiración por la época en la que fue realizado, se negó a dividir el hallazgo y decidió que todo lo encontrado en la tumba permaneciera en Egipto. Como sugiere Eleni Vassilika (directora del Museo Egipcio de Turín), es probable que al realizarse el hallazgo del italiano sólo un año después, las autoridades del Servicio de Antigüedades pensaran que aún abundaban tumbas intactas por ser descubiertas y eso significó la fortuna de Schiaparelli. Los funcionarios del Servicio de Antigüedades consideraron que las piezas del ajuar de Kha ya estaban perfectamente representadas en las colecciones del Museo de El Cairo y permitieron a su excavador llevarse completo a Italia el tesoro encontrado, excepto una lámpara de bronce y su pie de madera, algunos panes y bloques de sal, además de 19 vasos de terracota. Por desgracia, aunque se siguen encontrando enterramientos intactos en Egipto (uno de los últimos el del arquero Iqer, realizado por la misión española del Proyecto Djehuty), ninguno ha proporcionado grandes ajuares, objetos interesantes sin duda, pero no con la riqueza y cantidad de los de Kha. Recorrer la sala del museo donde se encuentran expuestos es toda una experiencia. No sólo son exquisitos y llamativos (¡ese banquete funerario intacto con todos los alimentos para el alma de Kha y su esposa!), sino que hacen que la cabeza de uno de vueltas al darse cuenta de que toda esta riqueza enterrada no pertenecía a un funcionario de alto rango de la corte, sino a un mero arquitecto situado en el escalón más bajo de la nobleza. Resulta inimaginable pensar en el ajuar que acompañaría a personajes de gran prestigio y poder, como Senenmut o Amenhotep, hijo de Hapu.

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Dos nuevos libros

12 enero 2013

Este fin de semana (12-13 enero del 2013), con El País dominical comienza una colección de Historia Universal en 30 volúmenes publicada por la National Geographic. Los dos primeros volúmenes (el segundo, la semana que viene) están dedicados al antiguo Egipto y los ha escrito vuestro seguro servidor.

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