Noticias sobre egipto

Las tumba de un fabricante de cerveza

12 junio 2015

La fascinación por el antiguo Egipto no conoce fronteras, ¿cómo si no explicarnos esos más de veinte años que lleva la egiptología japonesa excavando en Egipto? Sin duda el primer impulso para la aparición de una egiptología nipona vino dado —como sucedió con la española— por su participación en el salvamento de los monumentos de Nubia en la década de 1960. No obstante, en su caso la aportación de dinero no vino acompañada por varias expediciones arqueológicas y tuvieron que esperar hasta la década de 1980 para que la Universidad de Waseda (Tokio) comenzara a realizar trabajos arqueológicos en Egipto.

La suya fue una entrada espectacular, aunque poco conocida, porque llegaron con tecnología de última generación en forma de escáner electromagnético. Con él descubrieron, en el interior de la Gran Pirámide, anomalías en la sillería que indican la presencia de un corredor desconocido de al menos 30 m de largo que corre paralelo al de acceso a la cámara de la reina. Desgraciadamente, por motivos sólo por él conocidos, Hawass siempre impidió que se investigara de forma física para comprobar su existencia real… y ahora las circunstancias no lo permiten. Y, ya que estaban, también ayudaron a confirmar que en la segunda trinchera al sur de la pirámide aguardaba desmontado un segundo barco funerario de Khufu. Su excavación y montaje definitivo comenzó hace sólo unos meses, por cierto, cuando a los egipcios les entraron las prisas por llenar de contenido el nuevo museo egipcio.

Las segunda barca de Khufu antes de comenzar su excavación

Las segunda barca de Khufu antes de comenzar su excavación

Tras esos primeros éxitos, y a lo largo de todos estos años, la presencia japonesa se ha dejado sentir en Dashur, Abusir Sur-Sakkara Norte y en la orilla occidental de Luxor (Malkata, Valle Occidental, necrópolis tebana), donde recientemente han descubierto una tumba con unas pinturas en excelente estado de conservación.

El egiptólogo que dirige el proyecto es el profesor Jiro Kondo, y la tumba está situada en la necrópolis de al-Khokha. Su acceso apareció en la pared sur del patio de la tumba de Userhat (TT 47) —un alto funcionario de Amenhotep III (xviii dinastía)—, que el equipo de la Universidad de Waseda estaba excavando. Presenta la típica planta en forma de T invertida que es característica de los hipogeos del Reino Nuevo en esta región y, aunque por ahora no se puede ofrecer una datación definitiva, por el estilo de las pinturas murales que adornan la mayoría de las paredes y techo abovedado del corredor transversal parece ser de la época ramésida (la XIX-XX dinastías).

La nueva tumba

La nueva tumba

Si las pinturas están bien conservadas, igual que sucede con los textos que las acompañan, gracias a los cuales conocemos que el difunto enterrado en ella se llamaba Khonsuemheb y que entre sus cargos se encontraban los de «jefe del taller de Mut» y el de «fabricante de cerveza jefe del templo de Mut». Por cierto, que la cerveza que consumían los egipcios a diario como su alimento principal —junto al pan— no hemos de imaginárnosla como una deliciosa caña con su espuma en la barra de un bar, sino más bien como unas gachas ligeras con poco contenido alcohólico. Los textos también nos informan de que la esposa del difunto se llamaba Mutemheb y era «cantante de Mut», el mismo cargo que su hija, llamada Isetkha. Parece que Khonsuemheb o bien conoció a su esposa trabajando en el templo, o bien tenía dentro un buen enchufe —o la capacidad para ofrecer buenos sobornos al encargado, como sabemos por casos documentados— como para colocar dentro a su esposa e hija queridas.

La nueva tumba

La nueva tumba

No sólo hay pinturas en la tumba, porque en el extremo norte del corredor transversal hay una estatua del difunto con su esposa e hija. Entre las escenas pintadas encontramos la procesión funeraria del difunto, con la ceremonia de la apertura de la boca realizada a la momia del difunto delante de la fachada de su tumbas, coronada por una pequeña pirámide de adobes. El techo, por su parte, presenta la típica decoración que imita esteras de vivos colores, pero el panel central muestra una imagen del barco solar, con el texto de un himno solar y dos imágenes de Khonsuemheb en posición de adorar.

Como demuestran casos como este, o el de Iquer en el patio de la TT 11, Egipto sigue lleno de sorpresas… y veremos cuáles más nos trae esta tumba, de la cual falta por excavar todo, desde la capilla funeraria hasta la cripta.

A Roma lo que es de Roma y al templo lo que es del templo

15 abril 2015

Ptolomeo Lagos consiguió quedarse con Egipto a la muerte del conquistador de Alejandro Magno, cuando él y los principales generales del conquistador macedonio se repartieron el imperio. Para Ptolomeo y sus descendientes la tierra del Nilo fue siempre, eso, terreno conquistado, un territorio del cual expulsaron a los persas y con cuyas gentes y cultura nunca se juntaron. ¿Cómo hubiera sido posible?, eran bárbaros al fin y al cabo. De modo que en época ptolemaica existió en Egipto una doble cultura, la faraónica de toda la vida, la que comenzó en el año 3100 a. C., y helenística traída por Alejandro y desarrollada después por los ptolomeos.
Dos lenguas, la de los autóctonos sometidos y la de los dominadores llegados de la orilla norte del Mediterráneo se utilizaban a diario. Una era la que hablaba la gente del lugar, dedicada sobre todo a cultivar la tierra, mientras que la otra era utilizada por los recién llegados y su Administración. No parece que para los egipcios el cambio de gobernantes implicara muchas variaciones en su vida. El Nilo seguía creciendo cada verano y ellos seguían cultivando la tierra, produciendo las cosechas que eran la envidia del Mediterráneo y, como siempre, siguieron pagando sus impuestos. En primer lugar a la administración ptolemaica, que se encargaba de explotar a todo el país por igual; pero en segundo lugar al templo de la ciudad, que era para ellos el que se ocupaba de mantener el orden en el mundo y evitar que el caos se apoderara de todo.
Hasta ahora se pensaba que en los trescientos años que duró la dinastía ptolemaica el impuesto al templo de la ciudad fue menguando en importancia, hasta que al pasar Egipto al control de Roma desapareció por completo. No obstante, una reciente investigación del Dr. Andreas Winkler ha demostrado que los historiadores se equivocaban en este punto.
Su estudio se centra en la ciudad de Tebtunis. Situada al suroeste del lago Fayum, la biblioteca de su templo es una de las mejores conservadas de la época, con papiros de todo tipo. Entre ellos destacan una serie de recibos del pago de impuestos que demuestras que los egipcios de entonces pagaban a los recaudadores romanos la parte correspondiente de su cosecha, como era de esperar; pero también que habían de hacer frente a un impuesto de menor cuantía entregado a los sacerdotes del templo de la ciudad, dedicado al dios cocodrilo Sobek.
A lo que parece, los sacerdotes recibían como pago por sus servicios parcelas de tierra. Era un gran sacerdote del templo, mencionado en los documentos por su nombre griego de Lesonis, quien se encargaba de actuar como una especie de gestor financiero para un consejo de otros sacerdotes. Entre sus responsabilidades parece haber estado la de repartir esos terrenos entre los servidores de Sobek.
La importancia del hallazgo radica en comprobar que la continuidad de los modos faraónicos-ptolemaicos durante la época romana fue más importante de lo que se creía hasta ahora. Cierto que ni los ptolomeos ni los romanos se esforzaron en absoluto en aculturar a los egipcios, pero también que éstos se mostraron especialmente apegados a sus modos. Sólo la paulatina conversión del país al cristianismo parece haber terminado con la cultura faraónica; pese a lo cual, algunas de sus iconografías terminaron filtrándose al pensamiento copto y desde ahí a todo el cristianismo. No hay más que ver cómo las calderas del infierno ya aparecen representadas tal cual en algunas escenas del Libro de las cavernas.

Un nubio enterrado en Tebas (el Proyecto Dos Cero Nueve)

2 marzo 2015

Terminada la XX dinastía, y con ella la principal etapa de Egipto como una de las potencias dominantes del Mediterráneo oriental, el tercer período intermedio fue un momento de desajuste político en el valle del Nilo. Al principio, los faraones de la xxi dinastía que controlaban el norte del país se las tuvieron tiesas con los sumos sacerdotes de Amón, que habían creado su propio linaje y gobernaban la región central y meridional de Egipto. La única diferencia entre ellos y un rey es que no utilizaban el título de faraón, ¿para qué si se comunicaban directamente con el dios titular de la monarquía? La situación pareció recomponerse a comienzos de la XXII dinastía con Sheshonq I, de origen libio, pero se trató de un mero espejismo, pues el país volvió a quedar dividido políticamente con la XXIII y la XXIV dinastía. Una situación, esta de la inestabilidad política, que se dejaba sentir en tierras nubias, controladas antaño por los soberanos egipcios.

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Los muchos siglos de dominio egipcio hicieron que la cultura nubia terminara completamente influida por la faraónica. Tanto, que los monarcas nubios llegaron a considerarse como los verdaderos herederos de la ortodoxia faraónica, en especial al ver el tremendo desbarajuste político existente en el valle del Nilo. Sintieron entonces que su obligación moral era restaurar el orden en la tierra de sus «orígenes» y devolverle la maat (palabra egipcia que significa «equilibrio», «justicia», «orden») a una tierra controlada por el caos. Como la conquista de la dinastía nubia tuvo éxito, sus soberanos se convirtieron en la XXV dinastía egipcia y los funcionarios que nombraron para administrar el país siguieron con la costumbre ancestral de excavarse una tumba en la orilla occidental de Tebas.

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Recientemente, un equipo arqueológico español dirigido por el profesor Miguel Ángel Molinero (Universidad de La Laguna) ha vuelto a encontrar una tumba de este período, «extraviada» con el paso de los decenios. Fue descubierta en 1902 por el químico británico metido a arqueólogo Robert Mond; pero sólo en 1970 volvió a entrar en la tumba alguien con interés científico, Dietheln Eigner. En realidad, digamos que se arrastró por dentro del hipogeo, cuyas estancias estaban llenas de derrubios. En el 2007, la demolición de las casas ilegales que llevaban un siglo ocupando el lugar llenó la zona de escombros, tapando su entrada y haciendo que se perdieran las referencias topográficas de la misma (denominada TT 209 por los egiptólogos). Sólo el buen ojo del profesor Molinero a la hora de seleccionar el punto en que comenzar las excavaciones en el 2012 ha permitido recuperar el monumento perdido.
Una interesante peculiaridad de la tumba es el lugar donde se encuentra excavada, un wadi (rambla en árabe) y no la ladera de las colinas circundantes, donde se encuentran todas las demás de la necrópolis. Este detalle, que puede tener algún significado simbólico o, simplemente, deberse a una mera falta de espacio en la ya entonces atestada necrópolis. Por otra parte, dado que han podido empezar a excavar su interior, el equipo canario ha descubierto que es bastante más grande de lo que se pensaba hasta ahora. El el patio exterior que precede al hipogeo alcanza más de 400 m2 de superficie y en él han aparecido restos de diferentes estructuras aún por identificar. El interior cuenta con más de 125 m2 de superficie interior, dividida en varias cámaras. De hecho, la última campaña terminó justo delante de una puerta, que espera pacientemente a la próxima temporada de excavaciones para ser abierta y proporcionarnos nuevos datos.
Entre los satisfactorios resultados de las primeras campañas se cuenta el hallazgo del verdadero nombre del dueño de la tumba. Hasta ahora, el difunto enterrado en ella era llamado Seremhatrekhyt, que en realidad no es sino un título administrativo utilizado modernamente como patronímico; sin embargo, al desenterrarse la entrada se ha podido leer en su dintel que se llamaba Nisemro, a quien los textos califican como aquél que «Entra primero» o «Entra de frente». Por si cupieran dudas sobre la cronología del monumento, un relieve del difunto luciendo un tocado típicamente nubio nos aclara sus orígenes y deja claro el período durante el cual se excavó el monumento.

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Arqueológicamente, uno de los problemas de la excavación de la tumba es que su interior estaba colmatado hasta una cierta altura. Un proceso que probablemente comenzara en la época romana, cuando diversas riadas entraron en ella arrastrando cascotes y barro. Esto supone un problema de conservación, porque llena de humedad la tumba, que los conservadores del equipo están apañando para ir disminuyendo sin que la tumba corra el riesgo de resquebrajarse al desecarse de forma brusca al quitar la tierra húmeda.
De todos modos, como no hay mal que por bien no venga, esas lluvias torrenciales y sus derrubios han proporcionado al profesor Molinero y su equipo la posibilidad de comenzar un nuevo frente de investigación, el de las lluvias torrenciales en Egipto. La estratigrafía de las mismas permitirá a los especialistas sonsacar el secreto de estas riadas, manifestación del mal para los egipcios. Lógico, si tenemos en cuenta que cada vez que caía una lluvia torrencial se podían encontrar con que sus casas se deshacían como azucarillos en el té. Contar con una estratigrafía que estudiar es algo poco habitual para los arqueólogos en Egipto, donde por lo general todo lo que se encuentran son depósitos de arena en capas indistiguibles. Es un ejemplo más de toda la información que una excavación arqueológica bien realizada, como es el Proyecto Dos Cero Nueve, puede proporcionar.

Más sobre los ladrones subacuáticos

31 diciembre 2014

Si hace unos meses se habló de unos saqueadores de tumbas que habían sido detenidos en posesión de equipos de buceo, con los que habrían estado saqueando una zona arqueológica a 40 km al sur de Guiza, hace unos días por fin la información se ha aclarado un poco.

La extraña noticia de que el grupo de saqueadores contaba con trajes de neopreno, gafas de buceo y botellas de oxígeno comienza a explicarse, si bien los medios egipcios siguen siendo más bien parcos en detalles. No es que los ladrones se estuvieran sumergiendo en el Nilo y utilizaran un túnel para entrar en un templo, pues eso es lo que han encontrado, y de Tutmosis III nada menos, sino que al cavar ¡ocho metros! se toparon con la capa freática. Siendo unos profesionales del saqueo y dándose cuenta de que tenían en sus manos un hallazgo digno de los hermanos Adb el-Rasul, no se anduvieron con chiquitas y decidieron dedicarse a la desarqueología subacuática. El caso es que por entonces (el mes de agosto) la policía los detuvo al sorprenderlos en posesión de equipo «sospechoso» y porque por la zona se sabía de grupos armados de excavadores ilegales. Dicen ahora las agencias egipcias que, al no ser esta una zona declarada arqueológica por el Ministerio de Antigüedades y no haberse encontrado en su posesión tesoros, a finales de ese mismo mes de agosto fueron puestos en libertad.

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Sin embargo, hace pocos días, volvió a suceder. Egipto estuvo ocupada por la civilización faraónica desde aproximadamente el años 3100 a. C. Lógicamente, los restos arqueológicos que han terminado perdidos a todo lo largo de la orilla del Nilo son innumerables. Esto es vox populi, de modo que cuando alguien construye una casa en un terreno que puede parecer arqueológicamente baldío en un primer momento, siempre tiene la esperanza de que pueda estar edificada sobre algo de valor. Sólo hace falta diseñar la casa con un patio adecuado y, cuando la oportunidad se presenta, y en tiempos de crisis esa oportunidad se anuncia a cañonazos, comenzar a cavar en él. En este caso, parece, el nuevo hallazgo lo realizó un probo campesino, que se tropezó con una estatua sedente del susodicho Tutmosis III cuando estaba excavando una zanja para colocar una bomba de agua. Por supuesto, se apresuró a comunicárselo a las autoridades. Por ahora, tras trabajar arduamente durante tres días con bombas para hacer descender el nivel de la capa freática (una técnica perfeccionada por el austriaco Manfred Bietak y su equipo en el yacimiento de Tell al-Daba, en el Delta) la policía de antigüedades y los expertos del Ministerio han encontrado un botín notable: siete estelas, restos de columnas de granito rosa, así como una estatua de 2,5 metros de altura, sedente y descabezada, de una persona a la que le faltan los brazos.

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Ahora parece claro que en agosto los siete ladrones en realidad sí se estaban dedicando al saqueo submarino, intentado hallar tesoros «vendibles» para algún desgraciado coleccionista occidental. Por suerte para ellos, la policía no los descubrió con las manos en la masa; mas, por fortuna para la egiptología y el patrimonio egipcio, su detención llamó la atención de las autoridades sobre una región hasta el momento considerada «virgen» arqueológicamente. Finalmente, los recientes hallazgos han decidido a las autoridades egipcias a declarar toda la como de interés arqueológico, lo cual ha supuesto que se hayan comenzado a realizar sondeos en diferentes puntos de la zona para intentar dilucidar ante qué nos encontramos.

El principal problema será intentar averiguar qué consiguieron encontrar los ladrones caniculares antes de ser descubiertos. Esperemos que no hayan tenido tiempo de sacarlo ilegalmente del país.

Buceando que es gerundio

31 diciembre 2014

Tras la revolución del 2011, digamos que la salvaguarda de los monumentos no fue la primera preocupación del gobierno egipcio. En unos casos porque las fuerzas de seguridad fueron destinadas a otros menesteres y en otros, la mayoría, porque la población sintió menguar el puño que la controlaba, el caso es que los robos e intentos de saqueo del patrimonio del país a manos de sus propios ciudadanos alcanzaron cotas peligrosas. Pasados ya unos años de esos primeros momentos del «todo vale», las cosas están volviendo a ser lo que eran. Tanto, que los rumores de la vuelta del sin par Zahi Hawass resuenan con cierta fuera, o al menos él se empeña en que sea así; pues no olvidemos que esa es su gran especialidad, la promoción y el autobombo, lo de la egiptología científica es otro cantar. No obstante, mientras eso sucede, o no, los robos o los intentos de tal se repiten una y otra vez.

Lo malo es que ya no se limitan a excavar en las orillas de una necrópolis antigua con la esperanza de encontrar una tumba más o menos intacta. Igualmente, cada vez son menos los intentos de colarse en uno de los muchos almacenes del Servicio de Antigüedades, cuyas principales medidas antirrobo son un cerrojo y un gran candado sellado. No, ahora empiezan a recurrir a sistemas cada vez más imaginativos. Si el uso de una retroexcavadora o un bulldozer no son desconocidos en Sakkara para mover grandes cantidades de tierra en poco minutos y ver qué aparece, recientemente la policía ha desmantelado un intento de saqueo que más bien tiene algo de película de aventuras.

La intentona tuvo lugar en la necrópolis menfita, concretamente en la ciudad de Al-Badrashin, a unos 40 km al sur de Guiza, y a los ladrones no se les ocurrió otra cosa que comenzar a excavar un túnel bajo el agua desde la orilla del Nilo en dirección al yacimiento de Houd Zelikha. Quizá lo hicieron con la intención de no tropezarse con los demás equipos de saqueadores que estaban actuando en la zona, porque la investigación preliminar de la policía descubrió los restos de varias excavaciones ilegales en torno y dentro del yacimiento. En tra en lo posible, no cabe duda, que esos agujeros en superficie fueran obra suya y que, al demostrarse infructuosos, se decidieran por otro tipo de aproximación al problema.

La banda, ya detenida, estaba compuesta al menos por un abogado de cuarenta años, un campesino y cuatro ciudadanos palestinos. En su posesión se encontraron taladros autónomos sumergibles, trajes de buceo, botellas de oxígeno y medidores de profundidad. En casa del campesino, listos para su venta, aparecieron algunos fragmentos de caliza, estatuas de pequeño tamaño y la basa de una columna de granito rosa, que parecen proceder de un templo del Reino Medio. Su intención estaba muy clara: como la superficie del yacimiento era terreno vedado al haber otro grupo trabajando en ella, o bien porque se había demostrado infructuosa, se habían decidido por un ataque lateral. Penetrar desde el río les hubiera hecho empezar a varios metros desde la superficie, lo cual los situaba en la profundidad adecuada para alcanzar directamente el estrato rico en hallazgos… o eso esperaban.

Con todo, el intento de robo se me antoja un tanto ingenuo. Por mucho que los palestinos hayan tomado parte en la excavación de la red de túneles de la franja de Gaza y sean avezados cavadores, la logística para mantener abierto un túnel acuático excavado de forma precaria parece abrumadora… y tremendamente peligrosa. No es la primera vez que un excavador ilegal ha perecido aplastado dentro del túnel con el que pretendía alcanzar la riqueza, si quiera temporal. En sus memorias arqueológicas, Agatha Christie describe cómo cuatro de sus trabajadores perdieron la vida justamente así: cavando un túnel lateral a varios metros por debajo de los estratos superficiales para poder saquear lo que esperaban era un depósito de estatuillas… y todo durante la pausa para el almuerzo, mientras el resto de sus compañeros descansaban en la ladera del tell cuya excavación dirigía Max Mallowan, el marido de la novelista. El suceso no sirvió de escarmiento a sus compañeros, que al día siguiente intentaron repetir la hazaña… y en eso siguen.

Chapuzas a domicilio, o cómo destrozar un monumento milenario

4 noviembre 2014

Recuerdo que la primera vez que la vi así me llevé una sorpresa de los más agradable. Era en septiembre del 2009 y el lateral este de la pirámide Escalonada de Sakkara presentaba en su zona media unos andamios de madera de una decena de metros de altura… ¡La estaban restaurando! Con el tiempo y la pérdida de su revestimiento, varias de las piedras de la capa exterior habían desaparecido y la tumba de Djoser parecía desde entonces una tarta a la que un goloso le hubiera estado picoteando la cobertura de chocolate. El resultado, tengo que reconocerlo, era un poco chocante, porque se estaban rellenando los huecos con caliza ultrablanca… Es cierto que actualmente se hacen todos los esfuerzos para que las reintegraciones y el monumento original se diferencien, pero ¿tanto? No obstante, pensando en que la climatología no tardaría mucho en dotarlas de una pátina más oscura que armonizara con el conjunto, aun permaneciendo distinguible, no le presté mucha atención. Más me preocupaba la base interna de la pirámide, justo sobre el pozo donde se halla la cámara funeraria, que desde que fuera vaciado por los saítas estaba al descubierto con gran riesgo de derrumbe. Algo que, por lo visto, el terremoto que sacudió El Cairo en el año 1992 empeoró.

La pirámide de Netjerkhet antes de la restauración

La pirámide de Netjerkhet antes de la restauración

El caso es que un par de años después pude comprobar asombrado que la «restauración» del exterior, por llamarla de algún modo, estaba siendo realizada a la buena de Dios. Una verdadera chapuza. Cómo sería la cosa que un profesor universitario amigo mío me comentó a la vuelta de un viaje por esos lares que, mientras llevaba de visita por la pirámide a un grupo de alumnos, uno de los «capataces» que se encargaba de la obra se acercó a él y le preguntó compungido si sabía cómo hallar las esquinas teóricas del monumento… ¡Increíble, pero cierto! Los egipcios que intentan ganarse la vida con los turistas suelen llamar doktor a todo visitante que parezca saber qué es lo que está viendo, de modo que recurrir a él, que es doctor de verdad, les salvó la papeleta. Eso de prolongar las aristas y ver dónde se cruzan les pareció todo un descubrimiento… Anécdotas chuscas aparte, lo peor es que esos energúmenos sin conocimiento ni supervisión (Hawass mandaba por entonces, no lo olvidemos, en el mundo del Servicio de Antigüedades) estaban, con su trabajo, destrozando una parte importante del patrimonio egipcio.

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La tumba de Djoser —a quienes sus contemporáneos conocían como Netjerkhet, por cierto— no tuvo seis escalones desde un principio. No señor, primero fue una mastaba cuadrada, que luego fue ampliada, que luego fue revestida, sobre la que después se construyeron ampliando su base cuatro escalones, que seguidamente fueron convertidos en seis… los que ahora vemos con la huella medio cubierta de arena y bastante baqueteados por el tiempo, cosa de cuatro milenios y medio más o menos. Dado que todos esos cambios fueron tapándose unos a otros, semejante información hubiera sido imposible de averiguar si la pirámide estuviera intactas. Afortunadamente, cuando en los años veinte del siglo pasado se desenterró la pirámide, los arqueólogos comprobaron que en algún momento de su pasado alguien «peló» la capa exterior de la última etapa de la pirámide por su cara sur, dejando perfectamente a la vista todos esos cambios. Se trata de una perfecta radiografía de la evolución de uno de los principales monumentos arquitectónicos de la historia de la humanos que es, justamente, ¡lo que los «restauradores» a las órdenes de Hawass estaban cubriendo con un montón de esos deslumbrantes sillares de caliza blanca!

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

La pirámide de Netjerkhet durante su restauración

Habiendo encontrado su estado de reposo natural, no parecía que esa parte de la pirámide estuviera más en riesgo que antes, pero ahí estaban los «restauradores», metiendo piedras cada vez que veían un hueco. Cierto que con la revolución del 2011 los trabajos se paralizaron, pero no lo es menos que ahora, ya con Hawass fuera de la ecuación, la barbaridad ha empezado de nuevo. No es de extrañar que el señor Shurbagy, portavoz de la asociación egipcia Non-stop Robberies (dedicada a la protección de los monumentos egipcios) afirmara hace pocos días en un comunicado que la empresa egipcia encargada de la «restauración» del monumento en realidad esté precipitando la destrucción del mismo, y no sólo por haber añadido ya más de un 5 % de nuevas estructuras al mismo, lo que va en contra de los estándares internacionales de conservación del patrimonio. Es posible que las peculiares técnicas «restauradoras» de la compañía de construcción Al-Shorbagy se deban a que nunca antes habían realizado trabajo alguno arqueológico, como bien comenta Shurbagy; pero esto no es más que un punto de vista sesgado, por supuesto, como se encargaron de demostrar sin paliativos las autoridades competentes, que salieron de inmediato a cubrirse las espaldas, quiero decir a respaldar su política.

La pirámide de Netjerkhet «restaurada»

La pirámide de Netjerkhet «restaurada»

Kamal Wahid, el director del Servicio de Antigüedades para Sakkara y Guiza afirmó rotundo que la compañía encargada de la tarea era más que competente para el trabajo, porque estaba registrada por el gobierno de Egipto como empresa A, exactamente igual que Arab Contractors y Orascom. Y, exactamente igual que ellos —añado yo— será perfecta para colocar ladrillos y cemento, que es exactamente lo que parece estar haciendo en la pirámide escalonada, ¡no para preservar y consolidar un monumento que es patrimonio de la humanidad! Abundando en sus argumentos, Wahid insistió en que se estaba siguiendo un plan trazado por especialistas en el campo y aprobado por la UNESCO y el Ministerio de Antigüedades, y que el trabajo estaba siendo supervisado por consultores del Ministerio, dirigidos por el conocido arquitecto Hassan Fahmy. Supuestamente, además, la restauración estaría siendo revisada por un comité arquitectónico dirigido por Mustafa Al-Ghamrawi y en el cual se cuentan profesores de arquitectura de las Universidades de El Cairo y Ain Shams. Es decir que muchos, muchos arquitectos, muchos técnicos, muchos albañiles, muchos comités, mucho cemente, mucha caliza blanca (esperemos que no sea de Tura); pero ningún historiador, ningún conservador, ningún restaurador, ningún especialista en pirámides, ningún egiptólogo… nadie que conozca de verdad el monumento. Lo dicho, empresa constructora, no de arqueología y restauración.
Esperemos por el bien de la pirámide que la confianza del Wahid sea merecida, pero a la vista de los resultados hasta el momento… mucho me temo que Jean-Philippe Lauer se está revolviendo en su tumba.

Una capilla desconocida de Montuhotep II en Abydos

3 noviembre 2014

El robo de tumbas es un pasatiempo nacional de los habitantes del valle del Nilo desde siempre Como se sabe desde que W. M. F. Petrie encontrara tumbas predinásticas intactas desde hacía cinco mil años… excepto por el pequeño detalle de haber sido saqueadas a los pocos días de la inhumación. Los egipcios saben que viven rodeados de una riqueza enterrada que no beneficia a nadie, más allá de la intangible satisfacción que gracias a ella experimenta el difunto. Con completa lógica —en especial cuando las circunstancias económicas son tan adversas como las actuales—, la búsqueda de los tesoros que les proporcionen algún desahogo económico se vuelve una prioridad.

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Necrópolis de la que fuera capital de Egipto durante las dos primeras dinastías, Abydos nunca perdió relevancia, en especial cuando se identificó la tumba de uno de los faraones tinitas con el mausoleo del dios Osiris. Esto convirtió a la ciudad en un lugar de peregrinación obligada y la llenó de cenotafios. En la actualidad, su monumento más relevante —al menos desde el punto de vista de los turistas— es el grandioso templo de Sety I, ante el cual hay una gran explanada flanqueada a ambos lados por el batiburrillo de casas que forman el poblado moderno. Hace pocas semanas, apareció en una de sus angostas callejas un agujero que llamó la atención de las autoridades egipcias. Y con razón, pues al estudiarlo se dieron cuenta de que era resultado de las excavaciones clandestinas que se estaban realizando en el sótano de una de las casas cercanas. Se había producido un fenómeno de «subsidencia», como lo llaman los geólogos: al sacar tierra en un punto, el hueco hace que el terreno circundante se hunda paulatinamente.

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La gran sorpresa se produjo cuando, al estudiar el agujero, el equipo supervisado por Gamal Abd El Nasser (director del Servicio de Antigüedades en Sohag) comprobó que conducía a una desconocida capilla mahat de Montuhotep II. A más de dos metros bajo tierra y alejada apenas 150 al noreste del templo de Sety, acababa de aparecer el cenotafio del faraón que reunificó el valle del Nilo tras la disgregación política del Primer Período Intermedio. El hallazgo es muy relevante, porque excepto por su templo funerario en Deir el-Bahari y una capilla en Dendera, del resto de sus construcciones sólo se conocen fragmentos.

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Las paredes de la capilla están cubiertas de textos jeroglíficos en relieve de gran calidad, aunque por desgracia afectados por la humedad. La nueva capilla se extiende varios metros por debajo de una casa cercana, dotada en 1935 de una fosa séptica… cuyo contenido ha terminado por filtrarse y afectar a los relieves. De modo que ahora los arqueólogos y restauradores del Servicio de Antigüedades que se encargan del descubrimiento: Ashraf Abd El Aal Okasha, Yasser Abd El Razik y Ayman Damarany se están encargando de desmantelar la fosa séptica, limpiar la capilla y restaurar sus paredes para interrumpir su deterioro.

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El paso siguiente será copiar sus inscripciones con todo detalle, porque no se sabe qué tipo de nueva información histórica podrían proporcionarnos sobre este rey. El objetivo de las capillas mahat es muy claro: dotar a su dueño de un monumento funerario cercano al enterramiento de Osiris; un punto donde pudiera ser recordado para la eternidad y recibir ofrendas.

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Precisamente, uno de los sistemas que tenían los egipcios para presentarse al mundo era hacer un recuento de su logros en un texto autobiográfico dentro de su tumba. De modo que si tenemos la suerte de que eso es lo que Montuhotep II decidió hacer en esta capilla, podemos encontrarnos con algunas agradables sorpresas. Por desgracia, resulta igual de probable que los textos se limiten a innumerables repeticiones de distintas ofrendas de invocación, es decir, la consabida hetep-di-nesu: «Una ofrenda que el dios otorga consistente en mil panes, mil aves…», acompañadas de algunas frases de alabanza a los dioses. No obstante, no perdamos del todo la esperanza, porque tumbas cercanas, como la de Weni, del Reino Antiguo, contienen maravillosas autobiografías que quizá despertaran el instinto imitador de Montuhotep II. Lo que sí va suponer un trabajo delicado van a ser los futuros intentos por desmantelar la capilla, sin destruirla y evitando que las casas de alrededor se derrumben encima…

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La tumba desconocida descubierta por el Proyecto Min

18 mayo 2014

Es curioso cómo uno de los refranes españoles más taurinos: hasta el rabo todo es toro, tiene su equivalencia en el mundo de la arqueología, donde se suele decir: hasta que no llevas a la roca madre no puedes estar seguro de que no hay nada más por ahí debajo. Y esto es justo lo que le ha pasado este año a uno de los, por fortuna, varios equipos españoles que están excavando en Egipto: el Proyecto Min, es decir, la misión canario-toscana que dirigen las egiptólogas Mila Álvarez Sosa (Dra. en Egiptología por la Universidad de La Laguna [Canarias]) e Irene Morfini, quien prepara su tesis doctoral en la Universidad de Leiden.

Las egiptólogas. Mila Álvarez Sosa (izq.) e Irene Morfini (der.)

Las egiptólogas. Mila Álvarez Sosa (izq.) e Irene Morfini (der.)

En principio, el objetivo del Proyecto Min es estudiar dos tumbas de la necrópolis tebana. Una es la de Min (TT109), un personaje que tuvo una estrecha relación con el nomo Tinita, como nos indican sus títulos: «alcalde», «supervisor de los sacerdotes de Onuris», «alcalde del oasis», «supervisor de los cantantes», «administrador y jefe del festival de Osiris»; pero que sobre todo debe su puesto en la historia del antiguo Egipto a haber sido el tutor del futuro Amenhotep II. La imagen de su tumba que lo muestra enseñando al joven príncipe a disparar su arco, es inconfundible. La otra es la tumba -327-, comunicada con la anterior por un acceso perfectamente excavado, como si durante el período tardío el propietario de la tumba hubiera querido utilizar la TT109 como la entrada oficial a su hipogeo. La segunda parece una prolongación de la primera. Como hasta el momento no ha sido excavada, de esta tumba no se conoce si quiera el nombre del difunto enterrado en ella.

La fachada de la TT109

La fachada de la TT109

Planta de la TT109, con la entrada a la tumba -327- a la derecha

Planta de la TT109, con la entrada a la tumba -327- a la derecha

En cualquier caso, fue en la tumba -327- donde se produjo el gran hallazgo de este año. Como mandan los cánones, antes de comenzar a excavarla había que hacer una visita para estimar su estado de conservación y los pasos que necesarios para estudiarla a fondo. Esa era la intención y el trabajo que estaban haciendo Álvarez Sosa y Morfini cuando se dieron cuenta de que en una de las paredes comenzaba un corredor —del que nunca nadie había hablado— que parecía terminarse en un muro unos metros más allá. El sitio parecía peligroso, de modo que no fue hasta que se consolidó la estructura y se consideró seguro el acceso cuando las dos egiptólogas exploraron el túnel. En principio parecía un mero agujero de ladrones —de los que hay al menos uno en prácticamente todas las tumbas de la necrópolis—, por lo que su sorpresa fue mayúscula cuando comprobaron que el corredor no terminaba en la pared del fondo, sino que se continuaba durante otros seis metros más hasta alcanzar una estancia longitudinal. Sorprendidas, continuaron su exploración hasta encontrar el acceso a una estancia transversal. Su alegría fue inmensa, porque sabían qué  estaban viendo. Sí, parecía increíble, pero ¡acababan de penetrar en una tumba por completo desconocida hasta entonces!

Las primeras imágenes de la nueva tumba

Las primeras imágenes de la nueva tumba

La primera impresión cronológica proporcionada por la planta en forma de T invertida, que es típica de los hipogeos de la xviii dinastía, quedó confirmada por la decoración pintada de las paredes. Si bien están dañadas, las escenas se pueden identificar perfectamente como el repertorio típico del Reino Nuevo: caza en los pantanos, banquete funerario… Como el 70 % de la tumba está relleno de escombros, harán falta bastantes campañas de excavación para liberar la tumba y comprobar si detrás de esos montones de tierra hay alguna escena mejor conservada que las visibles hasta el momento. Habrá que armarse de paciencia.

Más detalles de la decoración de la la nueva tumba

Más detalles de la decoración de la la nueva tumba

Por fortuna, unos sencillos conos funerarios encontrados en la -327- nos van a aligerar un poco la espera, porque han permitido saber el nombre del propietario del nuevo hipogeo. Como la nueva tumba se encuentra en un nivel superior al de la -327-, los conos que en su momento decoraron su fachada terminaron cayendo en la tumba inferior gracias a un agujero en el techo de ésta, hasta quedar posados en superficie, que fue donde los encontraron las Dras. Álvarez Sosa y Morfini (ya le falta poco para serlo). Al leerlos vieron los títulos y el nombre del propietario de la nueva tumba: May.

Mila Alvarez Sosa e Irene Morfini  estudiando un cono funerario

Mila Alvarez Sosa e Irene Morfini estudiando un cono funerario

Ahora sólo hemos de esperar que sus varios patrocinadores continúen apoyando al Proyecto Min y podamos seguir disfrutando de los frutos de sus esfuerzos. No obstante, también admiten donaciones de particulares, de modo que si alguno quiere contribuir al avance la egiptología, puede hacerlo en este enlace.

El banquete funerario de la tumba de May

El banquete funerario de la tumba de May

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El rescate de la segunda barca de Khufu

8 abril 2014

Lo bueno que tiene la ciencia, incluida la arqueología, es que nunca termina de realizar descubrimientos, siempre hay algún dato más, alguna información más que analizar, estudiar, descubrir. Por eso hoy voy a tratar un tema del que ya hablé hace bastantes meses: la segunda barca funeraria de Khufu.

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Tras el descubrimiento de la primera barca funeraria de Khufu en 1952, la sospecha de que la trinchera colindante, de idénticas características guardaba otro navío semejante sólo se confirmó en 1987 por parte de los especialistas de la universidad japonesa de Waseda, gracias al uso de radar electromagnético. Semanas después arqueólogos patrocinados por la National Geographic Society introdujeron una cámara fotografiándola. Si bien la cámara fue introducida sin que se produjera contaminación desde el exterior, se comprobó entonces que la trinchera no era estanca y que agua e insectos había penetrado en ella. Entre 1992 y 1993, la universidad nipona realizó cuatro sesiones de estudio de la madera con una técnica conocida como difracción de rayos X, comprobándose que su conservación no era la óptima deseable. Asimismo se observó que las muestras de aire tomadas eran casi idénticas a las del aire actual, confirmándose la falta de estanqueidad y no sólo eso, sino que la madera era ligeramente anterior al reinado de Khufu, es decir, que fue construida con madera procedente de los almacenes reales. ¿Quizá parte de esa flotilla de madera traída por Esnefru (padre de Khufu) desde el Líbano?

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Los trabajos preliminares del rescate comenzaron en junio del año 2011, con el levantamiento de las inmensas losas de piedra (41 en total, cada una con un peso de 14 toneladas) que cubrían la trinchera; pero la extracción propiamente dicha del barco desmontado no comenzó hasta dos años después, junio del 2013. Como era previsible, un acontecimiento de esta envergadura supuso que acudieran al lugar el ministro egipcio de Antigüedades, el embajador japonés en El Cairo y el director científico del proyecto Sakuji Yushimura para realizar la ceremonia del levantamiento de los primeros fragmentos de madera, que llevaron a cabo embutidos en trajes protectores. Periodistas y resto de personas autorizadas pudieron seguir todo el proceso transmitido por video a las pantallas de television dispuestas en una jaima cercana, levantada ex profeso para la ocasión. Terminadas las indispensables tonterías políticas, los científicos pudieron ponerse en marcha y, vestidos también con sus trajes protectores desechables, se pusieron manos a la obra para impedir que desaparezca uno de los pocos objetos que se conocen del constructor de la Gran Pirámide. Y en ello siguen.

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El trabajo de consolidación y restauración de las piezas de madera del barco será largo, porque si el primero está formado por 1.224 de ellas, otras tantas se pueden esperar de su gemelo. El proceso de montaje, en cambio, será sin duda más sencillo, porque las piezas se escanean según se terminan y eso permitirá realizar cuantos montajes virtuales sean necesarios antes del definitivo. Hace sesenta años, Hag Ahmed Yusuff, el genial artesano (restaurador jefe del Servicio de Antigüedades Egpcias) encargado de la tarea, tuvo que copiar todas las piezas en miniatura para aprender a montar el barco. Como éste se descubrió justo en el año de la revolución de los generales, en un ambiente de absoluto nacionalismo los egipcios rechazaron cualquier ayuda extranjera para trabajar con la barca, lo cual supuso para Yussuf trabajar en solitario (con sus ayudantes, evidentemente) a lo largo de los veinte años que tardó en terminar su trabajo. Esperemos que cuando los egiptólogos japoneses terminen el suyo ambas barcas se exhiban juntas en el nuevo Museo de las Civilizaciones que se construye en Guiza.

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Un pedacito de Ramsés II

31 enero 2014

A veces, la arqueología no se hace sólo levantando polvo en un remoto paraje del valle del Nilo, dado lo poco que se usaba el método científico en los comienzos de la egiptología, muchas veces curiosear en polvorientos cajones por entre los almacenes de los museos proporciona resultados inesperados. Recientemente se ha producido uno de estos, porque nada menos que en la República Checa se acaba de encontrar un pedacito de las vendas originales que protegían el cuerpo de Ramsés II. Así informa al menos Bretislav Holasek, director del Museo Etnográfico de Olomouc (en la región de Moravia, al este del país), quien comenta que el hallazgo se produjo por casualidad, cuando los empleados del museo estaban estudiando la herencia dejada a la institución por uno de sus antiguos empleados, Vaclav Burian.

Rueda de prensa en el Museo Etnográfico de Olomouc

Rueda de prensa en el Museo Etnográfico de Olomouc

Este trozo de historia tejida apareció preservado entre dos cristales, junto con una carta que dice: «La momia de Ramsés II (manuscrito de mi hermano Richard Buchta). El diario de mi hermano habla de la apertura de la momia de Ramsés II, en la que participó. En junio de 1886, desvendado de la momia en presencia del khedive…». Butcha, el primer propietario de este souvenir milenario, fue un conocido artista y fotógrafo checo que documentó la vida de los fellahs egipcios de finales del siglo XIX.

La venda y la carta explicativa

La venda y la carta explicativa

Del mismo modo que Maspero invitó al cónsul español en El Cairo, Eduardo Toda, a excavar la primera de las tumbas descubiertas en el cementerio de Deir al-Medina, la de Senedjem, convirtió en un evento para la buena sociedad cairota el desvendado de las momias reales encontradas en 1881 en el cachette de Deir al-Bahari (DB 320). La egiptología como ciencia estaba naciendo y el valor científico de las momias se desconocía entonces por casi por completo. El interés generado por las momias reales era la curiosidad (por completo comprensible) de ver el rostro de las personas que dirigieron el destino de los pueblos de una gran parte del Mediterráneo oriental y aparecían citadas en los monumentos de todo el valle del Nilo.

La venda de Ramsés II y la carta que explica los detalles de la misma

La venda de Ramsés II y la carta que explica los detalles de la misma

No sería hasta casi treinta años después del desvendado de las momias cuando el anatomista australiano Grafton Elliot Smith (1871-1937) publicó un estudio científico de las mismas: The royal mummies (1912), dentro de la serie del catálogo general del Museo de El Cairo. Antes, no obstante, Maspero había publicado en el número de 1886 del Bulletin de l’Institut Égyptien un breve informe (pp. 253-255) sobre la apertura de la momia de Ramsés II, donde podemos leer: «Una vez constatada la presencia de esta última inscripción por S. A. el khedive y por las altas personalidades reunidas en la sala, se levantó la primera capa, y se descubrieron sucesivamente una banda de tela de unos 0 m 20 cm de anchura aproximadamente, enrollada en torno al cuerpo, y después un segundo sudario cosido y mantenido en su sitio por bandas estrechas…». Por las imágenes parece que el fragmento de venda recientemente encontrado podría pertenecer a esa primera banda de tela, quemada por las resinas derramadas sobre el cuerpo una vez terminada la momificación.

La venda de Ramsés II encontrada en el Museo Etnográfico de Olomouc

La venda de Ramsés II encontrada en el Museo Etnográfico de Olomouc

La venda, expuesta hasta marzo en una exposición sobre el antiguo Egipto, será puesta a disposición de los expertos en tejidos para que autentifiquen su antigüedad y origen. Si estas cosas suceden (y seguirán sucediendo) en museos occidentales, uno no puede por menos que soñar con los tesoros desconocidos que albergan los almacenes del Museo de El Cairo.

La venda de Ramsés II junto a una fotografías del soberano y de la carta que la autentifica

La venda de Ramsés II junto a una fotografías del soberano y de la carta que la autentifica

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